Compartimos las reflexiones del domingo del sacerdote Julio Cura y su anticipo hacia las Pacuas de Resurrección. Habla de la necesidad de “bajar al llano, al valle de la pandemia.”

Buen domingo familia. Hoy celebramos la Transfiguración como manifestación luminosa de la presencia de Dios en nuestro camino cuaresmal. Es horizonte y anticipo de la Luz pascual hacia la que peregrinamos en la fe. Es un llamado a la conversión: a transformar nuestros criterios y modos de pensar, decir y hacer en sintonía con el evangelio.

La Transfiguración nos propone dos movimientos paradigmáticos: subir a la montaña y bajar al llano, ascenso y descenso. Subir a un espacio de silencio y de oración para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. Y en ese clima de silencio escuchar la voz del Padre que, desde la nube, señalando al Hijo transfigurado, nos dice: Este es mi Hijo muy amado a quien hay que escuchar y seguir. Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y toman en serio sus palabras.

Para escuchar a Jesús es necesario estar cerca de Él, seguirlo, como hacían las multitudes que lo seguían por los caminos de Palestina. Abrir nuestro corazón a la Palabra y dejarla germinar y crecer. Pero lo paradógico, como dijo alguna vez el Papa Francisco, es que crece sólo cuando la proclamamos, cuando la entregamos a los demás. Y aquí viene el segundo movimiento: bajar y compartir la experiencia vivida en la altura. Esto nos impulsa a bajar al llano, al valle de la pandemia, a compartir la gracia recibida con la multitud de hermanos afligidos por la soledad, el cansancio, la pobreza, la indiferencia, el abandono.

Te pedimos Jesús que recibas el clamor de tus hermanos y hermanas y transfigures el dolor en alivio, la soledad en presencia activa y solidaria, el miedo en serenidad, el silencio en anuncio, la escucha en testimonio, y la quietud en dinamismo misionero. Por intercesión de María, tu Madre transfigurada, protégenos y bendícenos: en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.