Se viene una recomposición política. Pero quizás no la deseada por el presidente Emmanuel Macron al llamar a elecciones legislativas anticipadas. Juan Luis Buchet, Corresponsal de Le Télégramme y La Tribune, Director periodístico de Radio Cultura

Momentos difíciles son los que está viviendo el presidente francés Emmanuel Macron desde el 9 de junio. Si bien la victoria del partido Reunión Nacional, ex Frente Nacional, en las elecciones europeas estaba anunciado desde hace meses por todas las encuestas, su confirmación en la votación no dejó de ser un terremoto político: la lista conducida por Jordan Bardella, el joven delfín, 28 años, de Marine Le Pen, se impuso con el 31,4% de los votos, más del doble de la lista del oficialismo, cuya cabeza era Valérie Hayer.

Minutos después de que se conocieran los resultados, el presidente desencadenó un segundo terremoto al reconocer la derrota de su partido, anunciar la disolución de la Asamblea Nacional y llamar a elecciones legislativas anticipadasel 30 de junio y el 7 de julio. Una decisión que parecía posible pero relativamente improbable. Una jugada arriesgada, en todo caso, en el fragor de la noche electoral.

Macron la justificó por la necesidad de clarificar el escenario político, y llamó a los franceses a rechazar los extremos de derecha e izquierda, uniéndose detrás de los candidatos del oficialismo, a los que deberían sumarse moderados de ambas corrientes.

Una apuesta casi perdida, al menos a esta hora. Luego de la declaración de Macron, la derecha republicana, representada por el partido Les Républicains (LR),  explotó. Su presidente se alió con Reunión Nacional, otros dirigentes manifestaron querer mantener su identidad, y es probable que la mayoría de sus electores no siga a los candidatos de Renaissance, Renacimiento, el partido del presidente.

Del lado de la izquierda, todo lo contrario. Su ala moderada, racional, conformada principalmente por la alianza Partido SocialistaPlaza Pública, que casi llegó al nivel de la lista oficialista en las elecciones europeas, lejos de seguir a Macron, decidió acordar con la otra izquierda, considerada populista, liderada por Jean-Luc Mélenchon.

Y es así como se formó, en 72 horas, un Nuevo Frente Popular (denominación oficial), reminiscencia de… 1936/1938, unido tras un programa de Gobierno que recuerda el de la Union de la gauche (La Unión de la Izquierda) de 1978/1981. Entre otras medidas, prevé aumentos salariales, con un salario mínimo neto de 1.600 eurosel regreso de la jubilación a los 60 años y la anulación de la mayoría de las reformas implementadas a duras penas por Macron.

Insostenible para muchos, con una Francia que tiene hoy un déficit público de 5,5% del PBI y una deuda que supera el 110%.

En 1981, con el programa de la Unión de la Izquierda, ganó Mitterrand. Al año, siguiendo los consejos del Primer ministro Pierre Mauroy y el ministro de Economía Jacques Delors, el presidente debió suspender la aplicación del programa en cuestión, que hubiera obligado a Francia a abandonar lo que era entonces la Comunidad Europea, con una baja de 20 a 25% del nivel de vida de sus ciudadanos. Se puso en marcha un plan de austeridad que lo evitó.

Hablamos del programa de la izquierda. El de la extrema derecha (o derecha extrema) del partido Reunión Nacional es menos preciso y estructurado, pero va en el mismo sentido en muchos aspectos. No por nada el RN ocupa desde hace años el primer lugar en las preferencias de los sectores populares, donde desplazó a la izquierda. Con un componente más: nacionalismo exacerbadoxenofobia, y un anti-islamismo que ha reemplazado u ocultado oportunamente al tradicional antisemitismo de esta corriente.

¿Pero, por qué explayarnos sobre estas dos corrientes políticas?

Porque es altamente probable que el 8 de julio, después de la segunda vuelta de las elecciones legislativas, el presidente Emmanuel Macron deba llamar a un representante de una de estas formaciones, Reunión Nacional o Nuevo Frente Popular, a formar un gobierno en tanto nuevo Primer ministro.

Según la Constitución el presidente debe nombrar un Primer ministro surgido de las filas del partido más votado.

Hoy, todo indica que será Reunión Nacional o Nuevo Frente Popular.

De acuerdo con las primeras encuestas, el partido de Le Pen/Bardella recibiría más de 29% de los votos, la alianza de Mélenchon con los socialistas, un poca más del 28%. Y Renaissance y aliados, apenas 15%.

La movilización o no de los abstencionistas de las elecciones europeas, un 49%, será decisiva en las legislativas. Pero, hoy por hoy, una mayoría de franceses parece querer votar en favor de propuestas difícilmente aplicables en el contexto europeo y mundial. Como si Francia fuera una isla que podría decidir de su felicidad sin tener en cuenta a vecinos, aliados y demás países.

Si se confirma esta tendencia, Francia vivirá, de aquí a las presidenciales de 2027, una nueva cohabitación, entre un presidente de un signo político y un gobierno de signo contario. Como en los 80 entre el socialista Mitterrand y el gaullista Chirac, en los 90, otra vez con Mitterrand y el centrista Balladur, y de 1997 al 2002, con Chirac y el socialista Jospin.

Tres experiencias que dejaron resultados mitigados. Si bien en líneas generales la posición de Francia en el mundo se debilitó, Presidente y Primer ministro lograron manejar la situación llegando a un punto de equilibrio en política interior, salvo quizás en la primera, ciertamente la más combativa.

Pero quizás no sería lo mismo hoy. Porque las diferencias entre el Presidente Macron y el Primer ministro que tendría que nombrar serían mucho más fuertes que las que tuvieron los antes nombrados.

Se prevé una cohabitación dura, sin puntos de acuerdo. Casi violenta, como es la vida política francesa actualmente.

¿Un error, la disolución? En todo caso, una decisión quizás apresurada, como lo dicen amigos de Macron. Para Daniel Cohn-Bendit y otros, el presidente se apresuró al querer superar de inmediato la derrota de las elecciones europeas. Quizás hubiera sido mejor esperar que la opinión pública tome consciencia del resultado y sus consecuencias antes de convocar a legislativas anticipadas en septiembre, al regreso de las tradicionales vacaciones de verano en Francia.

Pero no fue así.

Agreguemos que la posición de Macron, que se perfilaba como líder en Europa y en el apoyo a Ucrania, se ha debilitado. Y lo será aún más después de 7 de julio, salvo resultado inesperado.

Se vienen cambios en Francia y en Europa. ¡Ya los comentaremos, si les interesa!