Alberto Fernández empezó a pergeñar la formación de un Consejo Económico Social para el día después de la pandemia.

La idea es contar con un plan y Eduardo Duhalde le aconsejó que el hombre más experimentado para encontrar el camino es Roberto Lavagna. El Presidente ya mandó algunas señales.

Por ejemplo, hace unos días manifestó que “no debería ser una novedad que me reúna con empresarios y sindicalistas para recoger ideas que nos ayuden a sobreponernos de la actual coyuntura”.

En esa dirección, en la semana que comienza también se reunirá con Héctor Daer, el titular de la CGT.

Los miembros de la Unión Industrial Argentina también le hicieron saber que se necesita un plan futuro para trazar metas y encarar el difícil tramo de la reconstrucción del aparato productivo de la nación.

El Presidente escuchó atentamente a una docena de CEOs de grandes empresas, entre ellos a Javier Madanes (Aluar), Luis Pagani (Arcor), Sergio Kaufman (Accenture), Luis Perez Companc (Molinos) y Daniel Herrero (Toyota).

AF está al tanto de los últimos datos preocupantes de la economía. Por ejemplo, en mayo las consultoras anticipan un leve rebote a partir de la puesta en marcha de algunas industrias en el interior del país, pero lo cierto es que las proyecciones de diversas consultoras es que la economía afrontaría este año una caída del PBI en torno del 10,5%.

Alberto Fernández está convencido que Roberto Lavagna, el hombre que fue siempre el oscuro objeto del deseo para su proyecto, lo puede ayudar a alumbrar el camino de la recuperación.

Siempre quiso a Lavagna como ministro de Economía, pero éste rechazó la propuesta. Pero cada vez que el hombre que fue funcionario con Alfonsín, con Duhalde y con Kirchner pisa la Quinta de Olivos, se vuelven a encender las luces de la fantasía del regreso.

El miércoles pasado, Lavagna almorzó con el Presidente y con el titular de Economía, Martín Guzmán, el joven con una maestría en la Universidad de Columbia que eligió Alberto para negociar la deuda.

Lo que se comenta, es que la charla se extendió por una hora y media, durante la cual Fernández aprovechó a fondo los consejos del economista invitado. Guzmán también escuchó y tomó nota de las opiniones sobre el desafío para evitar otro default y resucitar la actividad después de la pandemia.

Lavagna fue claro en dos ideas madre. Planteó la necesidad de cerrar cuanto antes el acuerdo por la deuda con los acreedores privados. “Es crucial”, les dijo, y lo describió como un punto de inflexión para iniciar la recuperación de una economía que cada día que pasa está dando muestras de agotamiento.

Se pusieron como ejemplo el derrumbe de la construcción (75,6% en abril) y del resto de las industrias (33,5%). Son los síntomas que registra el Indec de una parálisis que se va a extender mientras no aparezca un plan de reactivación consistente.

En una parte de la charla, Lavagna puso énfasis en recrear un clima más favorable al crecimiento y el desarrollo. Aconsejó entre otras cuestiones no insistir con los proyectos de avances sobre los dineros de las empresas que dieron a conocer algunos legisladores de las segundas líneas del kirchnerismo.

Lavagna cree que esas iniciativas pueden espantar la futura radicación de capitales para cuando quede atrás la pesadilla del coronavirus.

El ex ministro sostiene que para salir de la crisis, el Gobierno debería poner el foco en la situación de las pequeñas y medianas empresas. “El crecimiento de la economía no se hace con nuevos impuestos, no se hace tomando acciones de las empresas ni con políticas rígidas en materia de contratación de personal porque la doble indemnización te ayuda a mantenerte en una situación de relativo estancamiento, pero no te ayuda para crecer”, deslizó.

Sin descartar de plano el impuesto a las grandes fortunas que promueve Máximo Kirchner (“podría tener algún tipo de razonabilidad”, consideró) alertó de que la economía formal está al límite de lo que puede soportar especialmente en materia tributaria.

A su turno, también elogió las medidas de aislamiento: “fue un tremendo acierto en empezar la cuarentena a tiempo. No porque esto fuera a impedir el avance del virus, sino para dar tiempo para estar preparados”. Sin embargo advirtió que “la prolongación de este proceso genera un impacto económico adicional a la mala situación que ya traíamos y es ahí donde uno tiene que encontrar mecanismos para salir lo más rápidamente posible sin abandonar esta política que dio buenas resultados”.

Comentan en el entorno presidencial, que Alberto salió tonificado del almuerzo y encaró con una sonrisa a los empresarios que también lo fueron a ver a Olivos con preocupaciones parecidas a las de Lavagna. “Quiero que me conozcan y, si quieren saber cómo pienso, tengo una enorme afinidad con Roberto; no estamos para hacer locuras”, fue el mensaje que les transmitió al grupo.

Ahora que la pandemia empieza a mostrar síntomas mayoritarios de impotencia, el Presidente y el ministro de Economía saben cuán necesario es reconstruir la certeza de un horizonte. “Y que alguien como Lavagna nos saliera a bancar era imprescindible”, reconocen.

El respaldo de Lavagna sigue siendo una cuota de oxígeno para un gobierno que necesita oxigenarse en el encierro de la cuarentena.

Alberto Fernández sabe que cuando pasen el invierno y la secuela de muertes, la economía va a estar golpeada por la recesión, la desocupación y un nivel de pobreza que probablemente involucre a más de la mitad de la población, con lo cual hará falta un plan para resucitar al aparato productivo.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.