Buen domingo, familia. El evangelio de san Juan nos presenta a Jesús indignado expulsando del templo a los cambistas y mercaderes que convertían la casa de oración en un negocio. Su amor ardiente, se rebela contra todo lo que obstaculiza la adoración, la alabanza y la súplica confiada al Padre misericordioso.

La palabra del padre Julio Cura.

La indignación de Jesús, es una advertencia para algunos miembros de la Iglesia que proponen una religión opresora, asfixiante, contraria a la misercordia de Dios. Sobre todo a una religiosidad ligada a intereses creados, que discrimina o encubre injusticias; y también para quienes comercian y especulan con el dolor humano y las necesidades de los más pobres e indefensos.

Jesús se revela como el Templo vivo ante quienes les piden razones de su enojo. Su reproche nos interpela también a nosotros que somos templos del Espíritu Santo por el bautismo. ¿Reconocemos los falsos ídolos que nos amenazan e invaden nuestro corazón: envidias, rencores, omisiones, afectos y apegos desordenados? ¿Sentimos la necesidad de una conversión sincera y sostenida en este tiempo oportuno de cuaresma?

Jesús, tú que conoces lo que hay en el corazón humano, haz que te recozcamos presente en los templos vivientes de los más carentes y olvidados que vos privilegiaste y que, como propósito de conversión, nos prodiguemos en gestos de cercanía y ayuda fraterna particularmente en estos tiempos de tantas necesidades básicas. Bendice y sostiene nuestros propósitos de conversión. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.