La columnista de la 97.7 relató historias del distrito que cumple 129 años. ¿Qué quedó de aquel pueblo en esta gran comunidad que es hoy Varela?

Al llegar a la estación hay un cartel grande; dice Florencio Varela, la locomotora queda quieta al lado de la manga larga y toma agua, hay prisa para ir por el atajo y entrar a la casita blanca.

La infancia se viste de olores a naranjo y tilos, arboles que abundan en la zona. Desde el ventanal de la casa, veo a Doña Flora arriando a las vacas, llamándolas por su nombre que comen pastos como si fuera delicia; mi padre espera ansioso el ruido del sulky que trae pan caliente y galletas marineras: Todo parece una ceremonia especial, mi hermanito trepando a los brazos de mama que charla con la vecina  italiana en un cocoliche que yo no entendía nada. Recuerdo el atardecer donde se dibuja el arroyito en la esquina, que hace, que mi padre coloque maderas en las puertas para que no salten las ranas que vienen salpicando el paisaje!!!

Esta vez, vamos con la abuela y prima, nos acompañan los pasos de un ángel, es mi madre en el cielo; nuestra tristeza se confunde con el silencio del campo.

Florencio Varela en 1960 tiene pocos habitantes en el centro, y en la zona rural es una torre de babel, parecen plegarias sus voces.

Con mi prima tenemos pocas salidas a solas, vamos a la lechería de Pastor y el mármol de las mesas es una sensación en mis manos. Llegan los carnavales, los negocios de la calle principal se llenan de luces; las mesas, los parroquianos y las familias disfrutan del corso serpenteando el disfraz ingenuo de la bailarina que me descubre el alma… se come pizza en lo de Charlone, nunca encontré un sabor igual. También en ese entonces llegaba la salida tan esperada, nuestra abuela con vestidos nuevos nos lleva al Club Varela Junior, esos días son únicos, la música nos envuelve y los varones cómplices nos arrastran a un costado oscuro para las miradas familiares, todo es un acontecer, suenan las orquestas típicas y hay un vago olor a Buenos Aires, donde pronto debemos volver…El amor también llega a cubrirme de sorpresa por  eso los fines de semana es el apuro en regresar a la estación de Florencio Varela, la Córdoba chica, como suelen llamarla, hermosa lleno de verde y aire puro.

El progreso ya es un presente en la historia varelense, el pavimento, los micros son un anticipo, se llena de barrios nuevos con sus calles de tierra. Decido quedarme aquí, ya la bicicleta no hace el largo recorrido, no jugamos a las novias por casar y pedalear hasta la Capilla de los Escoceses, un tramo tan largo que parábamos entre los eucaliptus de la gran avenida, antes el camino real. Me atrapó la línea de tiempo y vuelvo a estar sola, el amor se queda entre los sueños.

Vuelvo a capital, extrañando esa luz tenue de las esquinas y ese atajo que encierra tanta felicidad. Periodismo es la carrera que elijo y el amor llega esta vez para quedarse, lo llevo a él, lo arrastro, lo convenzo que a 30 Km hay un lugar hermoso para nosotros dos…pero la dictadura civil militar es un espanto en todo lugar, son años que modifica el destino, pero no son sus atardeceres rojos en la ciudad, que crece aun mas; nosotros ayudamos a crecer en su geografía, tenemos 5 niños, Florencio Varela ya no es una siesta pueblerina, es despierta ,es fugaz ,es tentadora…

Por todos lados hay colores nuevos, casas, casitas y barrios populares en las afueras, hay más de todo, comercios, galerías. Un municipio alto donde concurren los vecinos, ordenando papeles y gravitando en un mundo grande. Donde se inaugura el hospital del Cruce que genera admiración en Latinoamérica, el partido está poblado de sueños que se cumplen, la Universidad Nacional Arturo Jaureche ya tiene 20.000 inscriptos, es una realidad que nos convoca a pensar como militantes de haber hecho bien las cosas. La radio es fundamental es mi historia como pionera en enseñar periodismo en las escuelas, instituciones, a hijos de campesinos que pasan por los micrófonos radiales, desde  hace 28 años. El rancho natal de Guillermo Enrique Hudson también colgaba el micrófono de un ombú; los chicos y la magia del lugar tan nuestro, jugar hacer vocecitas!!!

Soy resiliente de una enfermedad con la que aprendí que vale la pena y es necesario seguir viva. Soy una mujer varelense feliz de festejar el compromiso y el cumpleaños de este lugar que me sostiene: Florencio Varela.

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Agenhoy Diario