Preguntas que molestan, irregularidades que asoman, mentiras que se derriten, tweets borrados, movimientos judiciales que proyectan serios compromisos, amigos que dejan de ser amigos, fidelidades compradas con contratos por vencer… El castillo de naipes comienza a desmoronarse. No suele ser gratuito un fin de ciclo cuando se fue ocultando la podredumbre debajo de una alfombra.

No se recuerda desde el regreso a la democracia un gobierno con tamaña protección mediática como el de Mauricio Macri. Desde los mercaderes de la comunicación, todo un éxito; desde el prisma de la ciudadanía y el periodismo profesional, patético. Macri resultó un gran globo amarillo inflado con gas tóxico.

Fenómenos como el actual en que la desnudez va quedando expuesta generan sensaciones cruzadas y disparan preguntas que suelen no tener respuestas satisfactorias. Bronca por las mentiras, muchas de mentirosos tan bien pagos como obvios; alivio por el cambio de clima;  desazón por tantos ladri que ya lograron esconderse o lo lograrán en breve o incluso se reciclarán.

La Argentina, país generoso en el que se dan vueltas páginas de la historia con suma rapidez. Una rapidez que hasta agobia porque al pecador no le toca ni un Padrenuestro.

Los fanáticos continuarán sosteniendo sus certezas y defendiendo hasta lo indefendible, pero el ciudadano de a pie tiene la piel más sensible y acusa los impactos. Los fanatismos restan y las injusticias ya son irrespirables.

La justicia que se enchastró con el gobierno no es fiable ni lo será; los periodistas que vendieron su honra procurarán siendo instrumentos del poder de turno y unos pocos optarán por una jubilación de privilegio; los políticos que con tal de alcanzar objetivos pactan con cualquiera cualquier cosa, continuarán en escena. Y sigue las firmas.

¿Llegará el momento en que mamarrachos pagos deban al menos exiliarse? Fueron muy intensos estos 4 años de neoliberalismo impúdico como para digerir un borrón y cuenta nueva. Ah, si, acá es cuando entran a escena pitucos republicanos a agitar y denunciar supuestos “ministerios de la venganza”. Harían reir si no fueran tan obtusos.

Este castillo de naipes macristas llegó a tener una altura infrecuente y lógico, entonces, que al caer hará ruido ¿Cuánto ruido? ¿El deseable? Difícil poder calibrar.

¿La unidad en el país es posible? Desde luego que no, la unidad entendida como un todo. El odio ancestral está en sangre de una gran porción de la población y la ciencia al momento no descubrió el antídoto. Por tanto, contará la unidad del nuevo gobierno y su amplitud para poder administrar la realidad.

La Argentina endeudada en la economía, la justicia social, la justicia de los tribunales enfrenta la necesidad de inmediatez de respuestas que al menos muestren un norte diferente: Los jubilados no pueden esperar, los pobres tampoco y así…

Se presenta una nueva lucha intestina. La historia reseña que los malos, más menos, han zafado y no pocas veces en perjuicio de los más débiles. Tiempos de trolls e imposición de trivialidades y mezquindades que deberán ser enfrentados para imponer un tiempo de grandeza. 

Melisa Delgado Niglia