Cada tanto, los gobiernos que están a punto de dejar el poder, invitan a instalar el miedo colectivo para llevar agua hacia sus molinos, más aún, en vísperas de una elección.

En esa dirección, el macrismo extremó el discurso en la última semana de campaña para polarizar más que nunca contra el kirchnerismo y asociarlo directamente con los conflictos sociales que sacuden a otros países de la región.

El oficialismo por estas horas intenta encuadrar su eventual derrota contra el peronismo en una suerte de conspiración «bolivariana» que afecta a todos los países de la región.

El propio Mauricio Macri deslegitimó al casi 50 % del electorado que votó a  Alberto Fernández al decir en Jujuy que «permitimos que una minoría tome el control del país». «No nos vamos a quedar callados mientras nos roban el futuro», dijo el Presidente, poniendo en duda si aceptará el resultado del próximo domingo. «El domingo se elige si vamos a tener democracia o no», dijo también María Eugenia Vidal en Tigre.

Es evidente que la orquesta amarilla salió a tocar la misma sinfoía. El ejemplo más palpable fue el candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto, un especialista en pirotecnia. Fue el primero en subirse al escenario para asegurar que existe una estrategia de desestabilización del dictador Nicolás Maduro, con ayuda de Cuba, detrás de las protestas que se están produciendo en Chile, que ya dejaron 15 muertos.

Lo que quiere decir Pichetto, es que esa ola de violencia con células terroristas infiltradas. puede llegar en cualquier momento a la Argentina.
“Hay un proceso de desestabilización en la región con injerencia venezolana-cubana”, denunció y aseguró que “la dictadura militar en Venezuela, en sociedad con Cuba, está avanzando en otros países de Latinoamérica”.

Pichetto manifestó su preocupación por los dichos de Diosdado Cabello, el número dos del régimen de Nicolás Maduro, quien confesó estar contento por «la brisa bolivariana que recorre la región”.

Para Pichetto, «hay un tufillo cubano en la Argentina que se percibe en distintos lugares de Latinoamérica y que hay procesos organizados de cierta desestabilización. Hay que seguir atentamente algunos discursos de Cabello y Maduro. Inducen a pensar en un acontecimiento en cadena y organizado”, alertó.

Si esto es de la  gravedad que se pretende asignarle desde la Casa Rosada, los servicios de inteligencia deberían dar cuenta de la información con que cuentan, el Parlamento debería pedir una sesión especial y el Gobierno debería darle estado público de manera pormenorizada para prevenir a la Nación y garantizar la paz social.

«UN CAMPO DE ENTRENAMIENTO EN LA 9 DE JULIO»

Pero detrás de los dichos de Pichetto se esconde una evidente intencionalidad política para ensuciar a sus oponentes. Por ejemplo, cuando sostiene que  «hay hechos que requieren frente al proceso de esta dictadura en Venezuela una definición política de los candidatos a presidente que sea categórica. Estamos frente a una dictadura militar que está en sociedad con Cuba y que están avanzando en procesos de desestabilización en otros países latinoamericanos”.

El canciller argentino, Jorge Faurie, le dio una dimensión, aún más formal a la denuncia. al disparar que existe una acción coordinada promovida por la dictadura venezolana para desestabilizar a los gobiernos de la región. En ese proceso, incluyó las recientes manifestaciones con incidentes producidas en Ecuador, Chile y la Argentina.

“Hay gente organizada, métodos calcados para actuar y generar situaciones de extrema violencia y generar un caos institucional para desestabilizar a los procesos políticos”, aseguró Faurie.  

De acuerdo a la visión del ministro de Relaciones Exteriores, la Avenida 9 de Julio se transformó en un campo de entrenamiento para este tipo de grupos violentos. Y lo que sucedió el lunes frente al Consulado de Chile en Buenos Aires demuestra que hay “como un manual” para enfrentar a autoridades y a medios periodísticos de una manera muy peculiar.

“Esa misma foto la vimos con una periodista de Buenos Aires que en Quito mostró ese tipo de patadas voladoras que también se utilizaron en Chile. Hay como un manual que alguien lee sobre cómo hacer este tipo de manifestaciones. Nadie aprende cómo hacer una manifestación con esa técnica”, planteó el Canciller.

BRISAS BOLIVARIANAS EN LA REGIÓN

Recientemente, Diosdado Cabello, dos de Nicolás Maduro en Venezuela, habló de una “brisita bolivariana” en la región vinculada a las protestas violentas y a la victoria del Frente de Todos en la Argentina. Esa “brisita” -amenazó- podría convertirse en un “huracán bolivariano”.

Según Faurie, “en esa brisita que llaman hay claramente una intención de intervenir y estar presentes en la vida institucional, política y social de nuestros países. Nos amenazan con un huracán bolivariano y el huracán bolivariano nos va a traer hambre, pobreza, falta de libertad y dictadura”.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, rápida de reflejos para oler conspiraciones, defendió fervientemente la represión ordenada en Chile por el presidente Sebastián Piñera. La funcionaria definió como «insurreción cuasi terrorista» el accionar de los manifestantes chilenos y los comparó con su visión de los movimientos de izquierda locales : «Salen a la calle, rompen todo y después dicen que hubo infiltrados».

También puso en duda la responsabilidad del gobierno sobre las víctimas fatales. «Hay que ver si fueron muertos por represión«, justificó.

Lo que ocurre en Chile tiene su explicación social. SI, la desigualdad es mucha, también es cierto que la desigualdad es menor que hace 20 años. Sin embargo, el problema es que esto no se arregla desde la política. Es algo más antiguo, más profundo y mucho, mucho más difícil de discernir para los políticos, que entienden  el qué pero se desentienden del por qué.

No lo saben y porque no lo saben no van a ser capaces de resolverlo. Esto tiene que ver con el previo ascenso y la posterior desilusión de una nueva clase media surgente, que se encontró con asomos de prosperidad y cierto prestigio social incipiente pero no pudo salir de un estatu-quo de fragilidad: sueldos regulares, hiper endeudamiento, pobre atención de salud, costos muy altos en la educación universitaria, jubilaciones insuficientes. Y una inmensa necesidad de reconocimiento y contención. 

EL MODELO QUE SUEÑA MACRI

El de Sebastián Piñera en Chile, es el modelo que sueña Mauricio Macri. Precisamente, uno de los hilos conductores que anudan a Piñera y Macri es la Fundación Libertad, la de Mario Vargas Llosa. En julio último ese centro ultraliberal los reunió para un seminario.

“Lo que está haciendo el Presidente Macri es lo que se tiene que hacer”, elogió Piñera. “Va en la dirección correcta y los frutos están a la vuelta de la esquina.” 

También le recomendó que, en caso de reelegir, “haga como Ulises”. El camino correcto sería taparse los oídos y atarse al mástil para no dejarse tentar por el canto de las sirenas. “Hay que resistir”, dijo. “Chile es una referencia”, lo saludó un Macri entusiasmado.

“Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, el metro, los supermercados, con el único propósito de producir el mayor daño posible».

Con esas palabras,  Piñera intentó calmar a la ciudadanía la noche del domingo, cuando las manifestaciones y cacerolazos, daban paso a los saqueos, asaltos, vandalismo y destrucción perpetrados por turbas dispuestas a todo.

La desafortunada frase del mandatario se sumó a una seguidilla de desaciertos comunicacionales de sus ministros que en vez de calmar los ánimos, han incendiado más la pradera a niveles no vistos desde la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990.

Afortunadamente la Argentina está lejos de estas amenazas que hoy quieren transferirnos en vísperas de una elección. Aquí hay decenas de miles de planes sociales, cosa que en Chile no existen. También hay dirigentes sociales responsables que negocian con las autoridades y evitan que las calles terminen en el caos. Lo que están fracasando en el continente, son los modelos neoliberales.

Alguien dijo: “Nadie puede realizarse en una sociedad que no se realiza”. Manejar un Mercedes Benz es una maravillosa experiencia y, si es propio mejor. Pero en este momento, por las calles de Chile, sería peligroso. En la Argentina, casi obsceno. ¿Tiene sentido seguir repitiendo como una letanía hipnótica ‘miremos a Chile’”?

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 *Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

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