*Por Agustina Paredes

Corro feliz por las calles de mi ciudad, las flores se amontonan por doquier, las hojas bailan con el viento, el césped crece aquí y allá, los árboles son imponentes, enormes, bellos, a veces creo que nos observan, son guardianes de todo lo que nos rodea.
El cielo se baña con los rayos del sol, describiendo un espectáculo hermoso y fugaz.
Las nubes me parecen cercanas, si me concentro y me estiro las abrazo. El aire me sabe a libertad, inspiro y me alimento de el.
Avanzo y me dirijo a mi hogar. Tengo un hogar, todos lo tienen. Que ridículo sería que alguien no la tuviese, ¿Cómo podrían vivir?. ¿Cómo se duerme, se come, se festeja, se llora, se disfruta, se siente, se ama?, ¿Cómo uno crece sin hogar? Ridículo. Soy un ser humano ¿Por qué no tendría hogar?.
Mi familia me espera, aquellos que me aman, sangre o no, uno tiene familia, siempre.
En la mesa hay comida, su olor nos reúne a compartir. ¿Qué es de una comida sino se comparte? Se vuelve insulso, no tiene el mismo sabor. Y ¿qué es de un estómago sin comida? Absurdo. Necesitamos comer para vivir, ¿no?. ¿Por qué se le iba a negar a alguien comer? Absurdo, completamente absurdo.
Me dio sed, me levanto de la mesa para buscar agua, lo que no debe ser muy difícil, el agua es agua, ¿Quién no necesita agua para vivir? Por lo tanto, es indispensable.
Es privilegio.
Esperen, dije ¿Privilegio? Me debo estar confundiendo, esa palabra la oí, sé que existe, es como un eco que retumba en lo más profundo de mi mente, pero es agua, no es privilegio, no. El agua es agua. Sí, eso quería decir.
Quiero jugar, adoro jugar, todas las tardes me junto con mis amigos del barrio y simplemente jugamos. Es divertido escuchar las risas de todos, me hacen reír. Las tardes con amigos me sabe al color amarillo. El color del sol, de las margaritas, de las abejas, de los girasoles, de los crayones (bueno de los crayones amarillos), el color de la felicidad.
También me gusta imaginar que estoy en un mundo donde el arcoíris es muy querido. Perdón, dije ¿Imaginar? Me equivoqué. Obvio que estamos en un mundo arcoíris. Somos todos distintos y a todos eso nos da igual. Que terrorífico pensar que las cosas no fuesen así, jamás podríamos hacer eso, sería arrebatarle la existencia a un ser, no dejarlo vivir. Nadie puede imponerse sobre otro.
Somos todos una gran hermandad, me gusta pensarlo así, con diferentes identidades, colores, pero hijos de la misma tierra.
La tierra no tiene dueño. ¿O si?.
De repente siento frío, lo que es muy raro, se que estoy vestido. También tengo sed, mucha sed ¡Pero acabo de tomar agua!.
Me siento mal, me duele mucho la panza, tengo hambre, me siento solo, quiero llorar.
¿Pero por qué? Absurdo, jugue con mis amigos, comí con mi familia, tomé agua.
Hice todo eso, ¿No?.
Me despierto. La garganta me quema, me siento enfermo, sucio, hambriento, no siento la calidez del hogar, ni sus olores, sus juegos, sus alegrías. No tengo hogar.
La piel me duele, el aire me quema, me intoxica, no veo flores, ni césped, a lo lejos alcanzo a ver un único árbol, pequeño, encorbado, como si toda la tristeza y soledad del mundo se hubieran posado en sus ramas. Esta seco. Casi muerto. Como yo.
Privilegios, no los tengo.

Melisa Delgado Niglia