No hay atajos contra el hambre. Eso parece haber entendido Alberto Fernández, que quiere poner manos a la obra para desterrar definitivamente el más doloroso de los flagelos.

El presidente electo recibió el viernes pasado por la mañana una de las peores noticias para su inminente mandato: en lo que va del tercer trimestre de este año se incrementó del 7,9% del 2018 al 9,3% de 2019 la cantidad de la población urbana que vive en hogares donde hay inseguridad alimentaria severa. Esto quiere decir que uno de cada diez argentinos padecen hambre, según datos del Observatorio de la Universidad Católica.

No sólo esto. La inseguridad alimentaria en total pasó del 20,2% del 2018 al 22,2% al 2019 en todo el país. Los datos fueron presentados por el director de ese instituto Agustín Salvia en medio de la reunión por el Consejo de lucha contra el Hambre donde Fernández y el futuro ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, reunieron Marcelo Tinelli junto con sectores empresarios, sociales, sindicales y grupos piqueteros para avanzar en un plan de lucha contra la falta de alimentación en la Argentina.

La primer medida a la que se comprometió AF, es a poner comida en el plato de los más necesitados. Será a través de la creación de una tarjeta para que las personas más vulnerables y en situación de indigencia que no llegan a cubrir el costo de la canasta básica puedan comprar alimentos. Ya se puso el foco en mil puntos críticos de hambre severa, entre ellos el conurbano bonaerense.

«Hoy hay 8 millones de personas que reciben asistencia alimentaria de distinto tipo en comedores, merenderos, iglesias, de los cuales el 20 por ciento madres con chicos menores de 6 años y es ahí donde vamos a arrancar», señaló Daniel Arroyo, el futuro ministro de Desarrollo Social y mentor del plan.

Estas personas recibirán una tarjeta de un banco público que tendrá su nombre y apellido y sólo servirá para comprar alimentos en cualquier supermercado. Es decir que esos fondos no podrán extraerse en un cajero automático. Tampoco estará habilitada para adquirir bebidas alcohólicas. El monto, estará definido en diciembre, pero será asociado a qué otros ingresos tiene la familia y cuánto dinero le falta para acceder a la canasta básica. Según los últimos datos del Indec, que corresponden a septiembre, una persona debe tener ingresos por $ 4.502 para no caer en la indigencia, es decir, para poder cubrir las necesidades básicas alimenticias. 

En ambas reuniones, Fernández fue enfático en promover estas acciones como una base en construcción, abierta a los diferentes aportes. «No soy un general y no quiero soldados», les dijo a los movimientos sociales. Dos días después, retomando la intervención de Adolfo Pérez Esquivel, subrayó: «Los pobres no pueden dormir porque tienen hambre; y los ricos porque tienen miedo de los pobres. Tenemos que llegar a acuerdos para ver cómo hacemos para dormir todos».

EL FANTASMA DE OTRO «2001»

Entre las medidas de emergencia iniciales que tomará AF en los primeros 10 días desde la Casa Rosada será atender la situación de los mil puntos críticos de pobreza. Se trata de barrios del conurbano bonaerense, Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán y varias ciudades del norte argentino donde la gente padece hambre de verdad, come salteado o carece de un alimento diario.

Allí el gobierno nacional establecerá un acuerdo con gobernadores e intendentes para hacer llegar alimentos de forma inmediata. Es que los datos que maneja Arroyo sostienen que en muchos de esos puntos críticos hay “hambre severa”. Esto quiere decir sin pelos en la lengua que hay chicos que comen salteado o no comen durante un día entero.

«Nadie quiere otro 2001», dijo Marcelo Tinelli, después de participar de la reunión. Para Alberto Fernández, el hambre es la consecuencia de una estructura económica que no funciona. Podríamos decir a la luz de las encuestas, que es la síntesis de la exclusión del 40% de los argentinos. Los datos erizan la piel, pero forman parte de la más cruda realidad. Durante la gestión de Mauricio Macri, quien enarboló en su campaña como uno de sus objetivos la «pobreza cero», se duplicó la cantidad de personas que llegaron a quedarse sin alimentos y que experimentaron hambre. Los datos surgen de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Según el promedio trienal,  entre 2013 y 2015, las personas que sufrieron inseguridad alimentaria grave fueron 2.500.000. Pero lo más dramático es que el número saltó a 5.000.000 de personas entre 2016 y 2018. El 50% de la pobreza crónica se concentra en el conurbano bonaerense, donde más se sienten los efectos de la inflación, la falta de trabajo y donde pegan más fuerte los tarifazos.

UNA REUNIÓN ÉPICA DONDE HUBO LAGRIMAS

La puesta en marcha del Consejo Federal Argentina Contra el Hambre es una de las prioridades del próximo gobierno y se vinculará con Presidencia de la Nación, remarcaron allegados a Alberto Fernández. La iniciativa había sido lanzada el pasado 7 de octubre durante un acto realizado en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires ( UBA) y tuvo su correlato el viernes pasado.

Fue una reunión épica, sostuvieron algunos de los asistentes. Había referentes de todos los sectores sociales de la Argentina. Desde piqueteros y empresarios hasta referentes del espectáculo y de los derechos humanos. En ese contexto, Alberto Fernández y Marcelo Tinelli se emocionaron hasta las lágrimas y el presidente electo se comprometió a superar la grieta en la Argentina y terminar de una vez con el hambre.

“Esto no es un plan de gobierno o de un sector determinado, sino que debemos tomar la lucha contra el hambre como una política de estado y avanzar juntos en una mesa que no sea cerrada para terminar con este flagelo”, señaló Alberto Fernández. Quienes estaban a su lado confirmaron que se le escapó una lágrima. A Tinelli, también.

UNA CANASTA BASICA SALUDABLE

Alberto Fernández indicó que Arroyo coordinará estos programas y aclaró que el consejo no será del gobierno, sino que tiene que ser de todos los argentinos. Que se buscará conformar una canasta básica saludable, con precios accesibles, y trabajar con políticas de consenso, donde haya representación de diferentes espacios e ideologías.

La decisión de Alberto Fernández fue conocida de primera mano por dirigentes de las organizaciones sociales que se reunieron con él y autoridades del clero. Ninguna casualidad. Tal actitud sintoniza con las palabras más que protocolares respecto a que esas organizaciones, en especial el sector conocido como «El Triunvirato Cayetano», que conforman la CTEP, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa, serán también parte del nuevo gobierno. «

Cada difusión de los datos de la pobreza nos enfrenta a uno de los mayores fracasos de la Argentina actual: la persistencia de altas tasas. En los últimos 30 años nunca descendió del 25% y nuestro país es uno de los que menos han disminuido la pobreza en América Latina entre 2006 y 2016. En el último año creció del 27,3 % al 35,4%, unos 15,9 millones de personas, cerca de 3,8 millones más que el año anterior. Mitigar la pobreza será una de las principales tareas del próximo gobierno.

EL CONURBANO CON UN TRISTE RECORD

Dentro de los pobres, hay un grupo que presenta el mayor grado de exclusión, lo que hemos llamado pobreza crónica, el 10% de personas con menor posibilidad de salir de la pobreza aún en períodos de bonanza económica. En el documento “Reducir la Pobreza Crónica”, elaborado por CIPPEC en conjunto con el CEDLAS y el PNUD, se determinaron las características de la pobreza crónica. El trabajo muestra que aún con tasas de crecimiento hoy difíciles de soñar, del 3% anual en forma sostenida, recién en 2038 se llegaría a menos del 10% de pobreza y con un mucho más modesto 1% (pero hoy poco garantizado) en ese mismo año, se ubicaría en torno al 20%. Por ende, es preciso encarar el objetivo de ir reduciendo la pobreza crónica con políticas específicas.

El estudio deja en claro que el 50% de la pobreza crónica se concentra en el conurbano bonaerense. Pero como proporción de la población, su incidencia es mayor en el NEA, el NOA, además del conurbano, que ocupa el tercer puesto. Las viviendas de los hogares en pobreza crónica acumulan un déficit de servicios básicos. Las personas en pobreza crónica tienen casi diez años de educación menos que el promedio de los no vulnerables. Entre quienes la sufren, 47,9 % son niñas y niños y 23,6 % tienen entre 16 y 25 años.

Los varones en pobreza crónica participan como sus pares no vulnerables en el mundo del trabajo. En cambio, las brechas de participación laboral de las mujeres en pobreza crónica respecto de sus pares menos desaventajadas son muy grandes por el déficit de políticas de cuidado para hijos pequeños. En síntesis, los grandes problemas son los bajos ingresos y la informalidad laboral, así como la falta de reconocimiento al trabajo doméstico de las mujeres. En la lucha contra el hambre se requiere de una política de Estado de largo plazo. Este parece ser el camino. Pero no se puede fallar, porque el costo social sería muy caro para las futuras generaciones.

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 *Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas. 

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