Por Jorge Joury.-

La imagen de Mauricio Macri continúa en picada. Lo marcan al menos seis encuestadoras. Son números crudos que no dejan dormir a María Eugenia Vidal. A la gobernadora también se le metieron por la ventana los fantasmas que salen por los poros de un mundo de espías

 

Muchos temen que si el Presidente no saca un as de la manga, puede arrastrar al abismo a la propia Vidal, su única carta salvadora. Existen sondeos que indican que hoy Macri hasta podría perder una interna si su contrincante fuera Martín Lousteau. Frente a este cuadro de situación, en la residencia de la calle 6 están alarmados por algunos números que cayeron en la última semana. Por ejemplo, la Primera Sección electoral que ha sido siempre la fortaleza de Cambiemos, ha comenzado a crujir. Allí la coalición mantiene hoy supremacía sólo en Vicente López donde gobierna Jorge Macri y en San Isidro, comandado por Gustavo Posse. En el global, Cristina le sacaría 11 puntos de ventaja a Macri. La fotografía de la Tercera Sección, donde se ubica La Matanza no puede sorprender, pero allí la ex presidenta duplica los valores de Macri. En el resto de la provincia el Presidente acumula una ventaja de tres puntos sobre Cristina. El balance final arroja por ahora una derrota para el oficialismo.
En un escenario de recesión económica, empujada por la inflación, el dólar que pierde el freno y pisa los 44 pesos y tarifas que van en alza, empeora día a día el diagnóstico electoral del oficialismo de cara a las elecciones octubre. Este contexto de desconfianza, explicaría por qué la economía presenta un nivel de hervor imparable que lleva a los propios empresarios a pedir en voz alta un cambio de administración para salir de la crisis. Las proyecciones son muy críticas, a punto tal, que algunos encuestas marcan que también está en riesgo la reelección de María Eugenia Vidal.
La fragilidad política de Macri es preocupante para la Casa Rosada y si no llega un poco de alivio para el bolsillo, los números actuales son casi imposibles de revertir a futuro, si es que todo sigue empeorando. Hay una encuesta que sostiene que Macri presenta el 60% de rechazo junto a Cristina Kirchner .También se menciona la posibilidad de que fuera derrotado en Las Paso, en el hipotético caso de enfrentarse a Martín Lousteau. Es la primera vez que el Presidente aparece perdiendo dentro de su propio espacio.
No se puede obviar además, que desde el 2003 la Argentina no enfrentaba un proceso electoral tan caliente e incierto como el que se está abriendo este año. Todas las variables que pueden definir el voto están en un signo de interrogación. Hay factores determinantes. Por ejemplo, hoy la economía naturalizó un nivel de inestabilidad peligrosa, la Justicia no deja de sumar sospechas y la política es incapaz de garantizar una grilla de candidatos con algún grado de certeza.
Nadie aún puede asegurar que Cristina Kirchner vaya a ser candidata o que Roberto Lavagna terminará representando al peronismo. Incluso el propio Mauricio Macri , el único postulante cierto, está bajo una verdadera lluvia ácida que impide anticipar en qué estado llegará a los meses de votación.
Macri hoy tiene que lidiar con una catarata de malas noticias que le caen a diario, producto de sus desaciertos. En las últimas horas se conoció que casi dos millones de personas entraron en situación de pobreza el año pasado. La semana pasada se supo que la última cifra de inflación fue de 3,8 % y la anual puede superar el 45%. También apareció la suba de la desocupación a 9,1% y la caída de la actividad de 2,6%. Todo esto, sin contar que el dólar parece desconocer la suba de tasas y las nuevas concesiones del Fondo. Y que estamos pagando un millón de pesos por minuto de intereses de la deuda.
En medio de este camino cenagoso, no sorprende que los indicadores de aceptación de Macri hayan retrocedido estructuralmente, ya no en forma coyuntural. Según un reciente sondeo de Poliarquía, la aprobación del Presidente cayó de 34% a 30%, lo que marcó el mínimo registro para su gestión.En la Casa Rosada admiten que se perdió el voto blando que acompañó a Cambiemos en 2017 y hoy lo que se trata de resguardar es el tercio duro que mantienen fidelidad.
También se contrajo la percepción de la situación general del país y de las expectativas económicas. La imagen positiva de Macri bajó de 28% a 25% y arrastró a María Eugenia Vidal, de 47% a 42% y a Horacio Rodríguez Larreta , de 34% a 30%. El índice de confianza en el Gobierno que mide la Universidad Torcuato Di Tella bajó casi 11 puntos en un mes, después de una temporal recuperación en febrero. Son solo algunos números que marcan la nueva tormenta que azota implacablemente a Cambiemos .
«Si Macri tiene un as en la manga que lo saque ya», imploró en los últimos días con la sabiduría de la escuela de la calle Margarita Barrientos, en la misma línea del «hagan algo» del obrero Dante.
Las primeras espadas de Durán Barba abren los paraguas y señalan que tanto en 2015 como en 2017 a esta altura del año también corrían de atrás. Pero la diferencia es que hoy hay un clima de malestar social creciente que apunta hacia lo más alto de la gestión Cambiemos, que antes no estaba.
El «nunca votaría a Macri» por primera vez es más alto que el «nunca votaría a Cristina Kirchner». Cristina Kirchner atraviesa una situación dual. Por un lado, el mismo trabajo de Poliarquía revela que su imagen subió de 30 a 33%. Hasta en el propio Gobierno admiten que hoy le ganaría a Macri por dos o tres puntos en una PASO.
La realidad marca que la ex presidenta cosecha sobre la tierra arrasada del macrismo. No obstante, vive un momento de profunda angustia por la salud de su hija. Su situación judicial es extrema, al sumar ya diez procesamientos en su contra y por estas horas es casi imposible presumir qué hará electoralmente .
En los laboratorios amarillos siguen confiando en la fórmula de Marcos Peña y Jaime Duran Barba para ganar elecciones. Pero el entorno de Vidal duda y analizan un posible escenario de derrota si Cristina es candidata o sino lo es y el peronismo termina uniéndose. La gobernadora está preocupada por los números, pero también confundida con la revelación de que fue blanco de una maniobra de espionaje que tiene raíces en su propio espacio político.
Vidal cree que aún existen residuos de la maldita policía combinados con agentes de inteligencia, que actúan en las sombras. Intuye que se trata de elementos contaminados de la misma fuerza a los que les declaró la guerra al inicio de su gestión. Hay un dato a tener en cuenta que puede marcar quizá el comienzo de esa presunción. Y tiene que ver con que a mediados de 2016, dos policías encargados de custodiar el Palacio de Gobierno en La Plata fueron encontrados a la madrugada revisando las oficinas de la mandataria. Y paradójicamente, también unos días después, desconocidos ingresaron y revolvieron cajones y armarios en el domicilio oficial del entonces ministro de Gobierno bonaerense, Federico Salvai, a unas dos cuadras de la residencia de la calle 6.
Vidal sospecha que pudo haber sido parte de un plan ejecutado por un grupo de ex altos jefes policiales bonaerenses que trabajaron y lo podrían estar haciendo orgánica e inorgánicamente para la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Es que entre el abundante material físico, digital y telefónico que el juez de Dolores Alejo Ramos Padilla le secuestró al falso abogado Marcelo D’Alessio –detenido y procesado por extorsión, con vínculos aceitados en sectores de la Justicia, la política y algún periodista– figura una carpeta con información sobre movimientos personales y supuestos vínculos económicos de Vidal con un poderoso grupo televisivo a quien le habría enviado millonaria pauta publicitaria.
Ante Ramos Padilla, D’Alessio dijo que reportaba a dos ex jerarcas policiales exonerados de la Bonaerense. Se trata de Ricardo Bogoliuk y Aníbal Degastaldi, que se desempeñaban para la AFI y que también se encuentran detenidos.
Lo que se sabe, es que a lo largo de 2016, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, los máximos responsables de la inteligencia, habían abierto nuevas sedes de la ex SIDE en la provincia de Buenos Aires. Operaban en Moreno, Morón y La Matanza, entre otros puntos y lo hacían con la excusa de combatir al narcotráfico. Pero no lo lograron, y no está claro que alguna vez lo hayan intentado. Hay quienes aseguran que su práctica derivó en malas artes. Así fue que las bases bonaerenses de la AFI fueron cerradas a la fines de 2017.
Antes de que se conociera el escándalo protagonizado por D’Alessio, el ministro Ritondo había percibido esos movimientos sospechosos en la provincia de Buenos Aires. Por caso, el espionaje sobre su figura y la de otros dirigentes. De ahí surge la posible conexión con Bogoliuk, Degastaldi y D’Alessio.
Vidal le transfirió su preocupación a Macri. Fue durante una charla reservada de veinte minutos que mantuvo el jueves con él y Rodríguez Larreta en la camioneta presidencial, después de un acto en la zona de Puerto Madero. Nadie sabe precisiones de lo que hablaron. Pero pocos niegan que existe mayor tensión en el trío. El fantasma de un renunciamiento del Presidente a su reelección no tiene asidero por la manera en que Macri concibe su construcción política. No obstante, frente al descrédito, nadie puede evitar que sobrevuele otra vez sobre la geografía del largo y sinuoso camino hacia octubre.

 

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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