La cuarentena viene para largo y la economía agoniza. Comentan que el presidente Alberto Fernández arriesgó, días atrás, una suba del 10% en el índice de pobreza, relacionada con los devastadores efectos del aislamiento. Pero por lo bajo, y sin querer confirmar una cifra, cerca suyo hablan de «entre un 45 y un 50% de pobres», como escenario posible cuando la pesadilla haya pasado.

Por lo pronto, en el conurbano profundo se triplicó la ayuda alimentaria y la «maquinita», como vulgarmente se la llama a la fuente inagotable de fabricar dinero, trabaja las 24 horas para abastecer a los más necesitados. Desde que comenzó la cuarentena el 20 de marzo pasado, la base monetaria creció un 20%. Esto quiere decir que Banco Central  le transfirió $ 290 mil millones al Tesoro para financiar las medidas de expansión fiscal instrumentadas por el gobierno para asistir a empresas, trabajadores informales y sectores de bajos recursos, ante la caída de la actividad económica.

Pero algunos economistas señalan que, mientras Donald Trump entrega 700 dólares por semana a cada desocupado y ya repartió entre 1.200 y 2.400 dólares adicionales por familia y 500 más por hijo, además de haber asumido el pago de todos los servicios, Alberto Fernández apenas consigue alimentar a los 3 millones y medio de personas que en el último mes se vieron empujados a las filas de los comedores comunitarios.

Está claro que la Argentina no tiene la misma espalda que el país del Norte y el gobierno hace lo que puede. Hoy el  Estado se debate frente al costo sideral de los vientos de una guerra que se alarga. El enemigo invisible no se sabe cuando bajará la guardia. Y encima no hay un plan económico. Lo están pidiendo los industriales y la propia CGT, que teme una ola de despidos al final del camino de la pandemia.

El aparato productivo está en gran parte atornillado y con herrumbre. Se conoció la semana pasada que sobre un universo de 600 mil empresas, 420 mil solicitaron el pago del 50% del salario vía REPRO. Las ventas han caído en un 60%. El universo de cheques rechazados está entre un 40/50%. ¿Cómo salir de esta telaraña de acero?. Es la pregunta que recorre todos los rincones de la Casa Rosada.

BUSCAR UNA LUZ A LA SALIDA DEL TÚNEL

La implosión de la economía le pone un reloj de arena a la cuarentena. Llegó la hora de empezar a planificar la salida  aunque sea gradual. Algo tiene que empezar a mover la rueda. El Presidente fue muy claro al explicitar que cuando termine la noche polar, «todos algo vamos a perder. El Estado, ni hablar. El problema es ir viendo cómo atenuar semejante impacto fiscal en medio de la estrepitosa caída de la recaudación. 

La mayoría de los economistas coinciden que hay que elaborar un plan de salvataje, antes de que el barco se hunda. El parate ha dinamitado al sector productivo. Más de 700 mil pymes están tocando fondo. Si bien es cierto que el Gobierno ha demostrado buena cintura para controlar la situación sanitaria desde el vamos, hoy los empresarios y sindicales piden una proyección futura, antes que el dinero se acabe.

El Estado no puede pagar por mucho tiempo la mitad del salario de abril de «ocho de cada diez» trabajadores del sector privado, según estimó el ministro de Desarrollo Social, Matías Kulfas, porque la emisión sería catastrófica y nos pondría al borde de una hiperinflación. 

LA POSTAL DE UN PAIS BOMBARDEADO 

Frente a este escenario, para Ecolatina, la mitad de los puestos de trabajo en el país se encuentran en riesgo. Claramente los informales y los cuentapropistas son los que corren el mayor peligro de caer al abismo.
En tanto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que este año Argentina podría perder entre el 1,2% y el 4,8% de los empleos formales, lo que significa entre 68.400 y 273.600 puestos de trabajo. Todo dependerá de la magnitud de la recesión y su impacto en el PIB.

En ese contexto, algunos gremios, como el metalúrgico y el automotriz, entre otros, empezaron a negociar recortes salariales a cambio de la estabilidad laboral, lo cual es muy probable que se extienda a muchos otros sectores productivos si la cuarentena se prolonga o si la recuperación de la actividad se demora. 

Otras de las alarmas vienen desde la Unión Industrial Argentina (UIA), en base a una encuesta realizada sobre 600 empresas y que fue difundida en los últimos días, el 72% presentan caídas en sus ventas por encima del 60%. Dentro de ese grupo, el 87% dice tener serias dificultades para pagar los salarios: 64% de ellas manifiesta que no podrá pagar los sueldos y 23% que sólo podrá pagar aproximadamente la mitad.

Además, hasta mediados de este mes, la gran mayoría de las empresas (80%) manifestaron que no pudieron acceder a las líneas de crédito que impulsó el Gobierno para pagar los sueldos, cuya tasa de interés es del 24%. En tanto, en Casa Rosada afirman que habrá una extensión y agrandamiento del esquema de asistencia al trabajo y a la producción.

LA NECESIDAD DE UN PLAN A LARGO PLAZO

En cuanto a las demoras de pagos en los salarios, no son sólo una cuestión de este mes o del que viene. Muchas no lograron cumplir con sus obligaciones de marzo. Todo indica que la ruptura de la cadena de pagos se exacerbará en estos días, luego de que varias grandes firmas anticiparan a sus proveedores que empezarán a pagar a 60 y 90 días. En el Banco Central estudian medidas para las empresas que no están calificadas por los bancos y no tienen otra alternativa que financiarse con proveedores.

Los últimos anuncios del Gobierno con ayuda especial para empresas y autónomos que contempla el DNU 376/20 están siendo celebrados entre los empresarios y los economistas. En especial, las medidas que se se refieren a los créditos a tasa cero para monotributistas y autónomos con un subsidio del 100% del costo financiero total, además del salario complementario para trabajadores en relación de dependencia del sector privado.

Esto reconfirma que monotributistas y autónomos eran los grandes postergados en términos de ayuda gubernamental. No obstante el amplio marco de necesidades, esto representa una gota en el mar. 
 Un empresario con una plantilla de 1500 empleados en el país planteó lo siguiente: «En Chile, pagamos el 20% del salario y el Estado, el 80%; en Uruguay también; en Perú, pagamos el 60%, y en Paraguay, 50%. Acá, para las empresas de más de 100 empleados, no hubo nada».

Da la impresión que el Gobierno está improvisando día a día, pero tal vez sea hora de que responda con un plan integral y que sirva al menos para dar algo de certeza en un escenario futuro por demás desconocido. Algunos aluden a la posibilidad de armar un comité de notables en economía para que instrumenten una salida.

HASTA LA TV CON PANTALLA AL ROJO PIERDE PUBLICIDAD

Nadie se salva del parate. Hay otro dato a tener en cuenta en la TV. Si bien es cierto que creció la audiencia con alzas de hasta un 133% en programas periodísticos, pero se perdieron $400 millones en pauta publicitaria al caer la venta de avisos un 50% en los canales privados.

Frente a este mar encrespado, muchos nos preguntamos qué tipo de Estado imagina  Alberto Fernández al final del túnel, cuando se recupere la «normalidad». ¿Volverá el Fernández que prometía respaldarse en los gobernadores para construir un gobierno sin grietas? ¿O volverá el presidente que llamó «miserables» a los empresarios, elogió a Hugo Moyano y se sacó la foto con Máximo Kirchner en Olivos en las vísperas de la presentación del proyecto del impuesto «Patria»?.

Nadie puede negar que la decisión de frenar la actividad y de aislar a la población le dio un rédito político al Gobierno, ya que por primera vez el peronismo no tenía que distribuir frente a las deprimidas reservas del Banco Central. Por estas horas, hay empresarios que temen que la Casa Rosada se haya enamorado de la criatura que creó. El sociólogo Eduardo Fidanza, director de Poliarquía sostiene que a pesar de las consecuencias económicas, el 80% aprueba la gestión presidencial y el 70% la del gobierno nacional.

Asegura el analista que son números inéditos: “estamos frente a fervores parecidos a los de una guerra. La comparación es plausible ya que estamos enfrentando una guerra. Muchos argentinos recuerdan la Guerra de Malvinas. Hubo una sensación de fervor nacional, casi religiosa, que canceló todas las angustias y totalitarismos. Creo que no es una situación igual, estamos en democracia, pero coincide con sentimientos de comunidad nacional que se dan en los inicios de la guerra, en el instante de preparación.”  

Milton Friedman el premio Nobel de Economía, llamaba “dinero helicóptero” cuando muchos millones dependen de billetes repartidos por la generosidad del Estado. Una vez comenzada la recuperación, deberían cancelar los programas en tal sentido. Pero el temor es que en algunas sociedades, acaso muchas, se tienten con la institucionalización de las partes que sólo sirven de auxilio momentáneo.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas. 

Liliana Lopez