Por Alejandro Delgado Morales.

Venezuela duele, como duelen tantas injusticias sociales más o menos conocidas, más o menos duras, que habitan en el mundo. Argentina duele por el crecimiento de la pobreza y las perspectivas desalentadoras. Hoy muchas miradas están puestas en la crisis venezolana y muchas voces sostienen posturas extremistas, sea por convicción, militancia o desconocimiento (una gran franja). Parecería que aplicar sensatez bien podría ser el método para encausar la situación: Tender puentes de diálogo. Y nada de naif tiene esta afirmación.

En las paradas de colectivos y estaciones de trenes del superpoblado conurbano bonaerense el tema no es Venezuela; obvio ¿no? No quita que la magnitud internacional del tema ubique a Venezuela en primera plana de atención del periodismo y la política. Y que el tironeo de intereses resulte moneda corriente.

Desde tiempos lejanos la autodeterminación de los pueblos ha sido la mejor receta. Ahora, si ese estatus resulta dañado, una intervención externa al estilo de la ruta trazada por la historia estadounidense no se expone como el mejor camino; más bien como el camino de la prepotencia y la ambición.

Están los gobiernos oportunistas, los políticos marketineros y los fanáticos de turno que hacen sus apuestas; un mundo que va desde la pirotecnia en redes sociales hasta oscuros objetivos de apropiación del petróleo venezolano.

¿Por qué salir a vivar la asunción de Juan Guaidó a los 5 minutos de producida? Pues por las razones expuestas. Y no hay contradicciones al respecto: El gobierno argentino, por caso, está encolumnado a la gestión Trump y hay políticos que, se sabe, están embanderados con Washington.

¿Por qué desde los medios oficialistas reclaman con críticas al Papa Francisco que “se ocupe” del caso Venezuela? Al escucharse mismos argumentos de distintos actores que son funcionales al oficialismo, de mínima queda la sospecha de un guión repartido en radios y canales de TV.

Los principales jugadores del mundo, los de verdad, Estados Unidos por un lado y Rusia-China por el otro están activos. Los actores de reparto tienen suficientes problemas internos como para agitar aguas en estamentos internacionales o hacer sobreactuaciones. Venezuela merece respeto desde los cuatro puntos cardinales.

Melisa Delgado Niglia