*Por Alejandro Delgado Morales.

Telefónicas, por correo electrónico, presenciales, on line, descriptivas, analíticas, abiertas, cerradas, serias, dibujadas… Las encuestas, que en Argentina tienen una larga historia de fracasos, engaños y manipulaciones, volvieron para quedarse en esta previa electoral. Quienes hacen trabajos profesionales suelen quedar diluidos entre el ejército de vendedores de humo que ni siquiera aciertan, pero sí logran importantes dividendos.

De acuerdo con las tarifas del mercado, una encuesta a la carta puede costarle a un espacio político unos 80 pesos por consultado. Y si el equipo del candidato equis deseara algo más abarcativo y elaborado, se podrán pagar unos 2 mil pesos por contacto. Naturalmente, hay un abanico de alternativas de acuerdo con el tipo de contrato que se plantee.

Es muy difícil encontrar a un político que reniegue sinceramente de las encuestas, de manera que suelen invertir buenas sumas aquellos que tengan reales aspiraciones y quieran conocer aproximados escenarios, sin engaños.

Pero es sabido que las pesquisas son instrumentos de uso pirotécnico, distractivo, distorsivo, cuando una fracción política quiere apelar a la lucha en el barro. En el fútbol, se sabe que en el barro suelen sacar ventajas los menos dotados, los troncos, pues el chapoteo les otorga una cercanía respecto de los mejores dotados, más hábiles.

Es así que por estos días se escuchan y leen encuestas desopilantes en medios periodísticos reconocidos como oficialistas. También, indigestan interpretaciones tironeadas por cuenta de caras conocidas en el medio, que no se inmutan y fruncen los ceños frente a la cámara de televisión.

Separar la paja del trigo, por ahí podría decirse. Cada quien se gana la vida como puede, sentencia una vieja frase popular. Incluso con engaños.

¿Influye en el ciudadano a la hora de votar el repiqueteo de encuestas truchas?  Especialistas serios sostienen que si, al menos en una franja de la población.

¿Los meneados, buscados y atractivos indecisos pueden llegar a ser quebrados con las opiniones, aseveraciones y sugerencias de periodistas conocidos que se basan en encuestas mentirosas? Los mismos especialistas coincidieron en que si, pero sobre pocos.

¿Cómo es posible que probadas consultoras que dieron concretas pruebas de haber sucumbido en diversas oportunidades sigan en pie y recaudando dinerales? Vale como respuesta otra frase del pueblo: «Argentina, país generoso».

Melisa Delgado Niglia