El Presidente  firmó en las últimas horas un decreto de necesidad y urgencia que pone límites a la compra de divisa extranjera a partir de este lunes.

El mismo Macri, que se ufanó de levantar el cepo cambiario en 2015, ahora vuelve a aplicarlo y así condena su propio proselitismo 2019. Desde la oposición lo ven como otro pelotazo en contra de su sueño reeleccionista.

No hay que olvidar, que el jefe de Estado, casi todos los economistas, la red de propaganda oficial y oficialista privada, y amplios sectores de la clase media y alta, tiraron papel picado en diciembre de 2015 cuando se eliminaba lo que denominaban despectivamente “cepo”.

Saludaban que a partir de ese momento se podía comprar dólares sin restricciones, recuperando la libertad que la administración K había cercenado.

Una postal para recordar: El primero de marzo de 2016, Macri escribió el siguiente tuit: «Levantamos el cepo y todas las restricciones cambiarias sin que ocurriese ninguna de las desgracias pronosticadas».

Las desgracias ocurrieron y ahora para intentar llegar al 10 de diciembre la Casa Rosada, reestableció un régimen de administración del mercado de cambios.

Una fuente al tanto de los pormenores de la medida, lo definió como: «es un cepolito, mitad cepo, mitad corralito». En el Banco Central rechazaron esta lectura y dejaron en claro que no hay corralito porque la gente y las empresas van a poder retirar los dólares que tengan en sus cuentas.

NO HAY DOLARES PARA TODOS

Para entender lo que nos está pasando, lo primero que hay que decir es que la economía argentina no genera los dólares suficientes para atender la demanda total existente de los Estados nacional y provinciales para pagar deuda externa.

Los industriales los necesitan para traer importaciones. Las multinacionales para girar utilidades a sus casas matrices. Los ahorristas para dolarizar excedentes y grupos sociales para realizar turismo en el exterior.

Como Argentina no emite dólares, los consigue con exportaciones o colocando deuda en moneda extranjera.

Estas son canales insuficientes para cubrir la demanda sin restricciones salvo en breves periodos.

La economía argentina, más que otras latinoamericanas, padece lo que en términos académicos se denomina “restricción externa”. También se puede decir que sufre “escasez relativa de divisas”. Para que quede claro: No hay dólares para todos, en todo momento y en la cantidad que se quiera. 

Este es el factor más importante, para entender la inestabilidad económica que padecemos desde hace décadas.

DE LA DICTADURA AL 2001

Macri se despide con default y cepo, aunque es mejor decir que, a la fuerza, tuvo que reimplantar un imprescindible control de cambios, lo que el fundamentalismo neoliberal había eliminado y él mismo había festejado. Ahora el país padece las consecuencias de esa celebración. 

Quienes peinamos canas sufriendo las zozobras económicas, sabemos que cuando se impuso esa política, el saldo no fue otro otro que el preludio de una crisis catastrófica. Es algo que nadie quiere, pero que tarde o temprano se puede desencadenar por carácter transitivo. 

Así se dio durante la dictadura militar, cuando voló en pedazos la tablita cambiaria, previa desregulación total del mercado. Ese fue el comienzo de un proceso de dolarización destructiva de la economía argentina.

Cuando aparece la pregunta de por qué existe tal nivel de fiebre verde en las transacciones comerciales y financieras y la fenomenal fuga de capitales, la respuesta se encuentra en esa política neoliberal extrema, la que fue liderada por José Alfredo Martínez de Hoz con un costo descomunal para la nación. 

Años después, se consolidó con la fantasía de pensar que un peso era igual a un dólar, el tristemente célebre experimento de Domingo Cavallo equiparando ambas monedas para contratos y créditos, con apertura irrestricta al ingreso de capitales especulativos. Todos sabemos, que ese experimento terminó explotando en el 2001, con un reguero de muertos.

UNA ANGUSTIA  EN CAPITULOS

En  la gestión macrista se diseñó un esquema similar de apertura financiera total, es decir, desregulación absoluta del mercado de cambios y un endeudamiento desaforado que se volvió impagable.

El saldo no podía ser otro que el estallido de esa política con costos sociolaborales inmensos, como pasó con la política económica de la última dictadura militar y la convertibilidad.

Ahora el DNU de Macri da cuenta que «el tope mensual de compra para personas humanas es de 10 mil dólares. Es decir, más de 600 mil pesos. Por ende, el universo es el 95% de la Argentina.

El control fuerte es sobre empresas. Y una aclaración importante para destacar: el límite será a compra de dólares. No hay límites al retiro de ningún tipo», aclararon desde Casa Rosada.

La otra novedad, es que durante un mes y para atender la demanda, los bancos abrirán hasta las 17.

A diferencia del cepo que rigió durante casi todo el segundo mandato de Cristina Kirchner -cuando el límite había bajado a 2.000 dólares por mes-, los pequeños ahorristas no necesitarán de una autorización de la AFIP que justifique sus ingresos para acceder a la compra de dólares.  

Con esta medida, la Casa Rosada le sigue contando a los agentes económicos una novedad en capítulos, suponiendo que así le dolerá menos al público o que no resultará tan dramático lo que vendrá. 

LA LLEGADA DE UN SEPTIEMBRE NEGRO

Pese a la dosis de anestesia oficialista, la ciudadanía no es tonta y visualiza que la situación es gravísima y, que probablemente, la Administración Macri ya no sepa cómo gestionarla. ¿Es el principio del fin?, se preguntan muchos politólogos, que asocian a Macri con la figura del pato rengo.

Con el nuevo paquete del BCRA se comienza también a debatir la gobernabilidad durante un septiembre negro, que según los pronósticos, se muestra de sangría diaria.

Con las nuevas medidas, se restringe la autorización para comprar dólares, diferenciando a personas jurídicas de personas físicas. Se corta el contado con liquidación, o sea no se pueden vender más títulos públicos y acciones contra dólares en el exterior. 
El diagnóstico de la economía marca que la relación con el Fondo Monetario Internacional ha explotado.

La tasa de inflación se proyecta por arriba del 50% para fin de año. La actividad económica vuelve a descender y las empresas ni siquiera saben si les conviene vender por temor a no lograr reponer stocks.

Creen los especialistas que esta situación impactará en el empleo. La paridad cambiaria estableció un incremento del dólar en pesos del 38% sólo en agosto. Y las reservas en 31 días cayeron US$ 13.801 millones, estableciendo un récord para la desconfianza en Macri.

La tasa de interés promedio que establece la política monetaria es de 83,264%, recontra recesiva.

La deuda pública ya tiene una reprogramación para Letras a empresas y personas que hayan invertido luego del 31/7. Y se envía al Congreso de un proyecto para “reperfilar” los bonos de corto, mediano y largo plazo.
Las acciones se han desplomado, con un promedio -que resulta de la evolución del índice Merval- de 57% en dólares.

En lo que tiene que ver con los bonos públicos, han registrado bajas equivalentes, con un riesgo-país ya ubicado en 2.532 puntos, y sin techo. Para el mundo, las variables económicas argentinas ya no son confiables. 

El programa financiero luce desarticulado para cubrir las necesidades de 2019 aún con la ayuda histórica del FMI y un 1er. semestre más o menos prolijos.

EL ENIGMA DEL MERCADO PARALELO

Ahora, con la restricción de 10 mil dólares al mes dispuesto por el Banco Central, habrá que ver cómo responde el mercado paralelo, al que seguramente acudirán aquellos que necesitan más dólares o bien que prefieren no pedir la autorización correspondiente al BCRA para hacerse de un número mayor de verdes.

Por estas horas muchos nos preguntamos: ¿Cómo sigue esta película hasta diciembre?. La situación es extremadamente complicada. El Gobierno no parece encontrar el rumbo y medidas como la comunicada por el ministro de Hacienda Lacunza a mediados de semana, donde reprogramó el vencimiento de letras, lejos de traer soluciones produce mayor incertidumbre.

La oposición claramente puede ayudar con declaraciones que busquen llevar tranquilidad, pero es difícil pedirle esa responsabilidad cuando no la tiene el propio oficialismo.

 Para la agencia Bloomberg, «Argentina impuso el control divisas ante la escalada de la crisis de la deuda», destacando que el país «tambalea al borde del default» tras la caída del valor del peso en un 25% el mes pasado.

Según cálculos privados, las reservas netas que el Central puede utilizar para frenar las corridas contra el peso, no superan los 12 mil millones de dólares.

Se trata de una suma exigua, que enciende todas las alarmas en el equipo de Alberto Fernández.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.     

Jorge Joury