*Por Jorge Joury

Faltó autocrítica. Me gustaría vivir en el país que el Presidente intentó dibujar ante la Asamblea Legislativa. Sin embargo, aunque habló tangencialmente de la economía, evitó en todo momento dar cifras exactas sobre el PBI, la inflación futura, el tipo de cambio, los salarios, el nivel de empleo, la desocupación, la salida de capitales, la presión impositiva, el consumo y el endeudamiento, entre otras variables. En su mensaje de negación de los efectos de las políticas de ajuste que en cuatro años hicieron derrumbar todos los índices de la producción,  el aumento de la pobreza y el endeudamiento del Estado, el mandatario insistió con “la herencia recibida”, “las tormentas” externas, “los cambios” y repitió los demás slogans de la campaña que en 2015 lo llevó a la primera magistratura. Prometió que habrá “una baja de la inflación” y dijo que él está «peor que en los últimos años”. Cada vez “me cuesta más”, admitió. ¿Estará deprimido?.

Inmediatamente de su alocución, la realidad volvió a pegarle un cachetazo. El dólar avanzó 70 centavos en bancos de la City y el Riesgo País se disparó sobre los 700 puntos básicos.

El modo confrontador que utilizó el Presidente, que por momentos cerró el puño, se interpretó como un intento de transmitir fortaleza hacia afuera en la pulseada con los sectores de la oposición -en especial Cristina Kirchner, sin nombrarla- y a la vez hacia adentro, en un contexto económico adverso. “Frente a la mufa tenía que mostrar entusiasmo hacia el futuro y fue un discurso con mucha fuerza”, se entusiasmó un encubrado legislador macrista.

EL IMPETU DE LA GOBERNADORA

En cambio el discurso de María Eugenia Vidal ante la Legislatura fue mucho más terrenal y adecuado a los tiempos que corren. «Hoy hay un gobierno que da la cara y pone como prioridad a los bonaerenses», señaló la mandataria en línea con la estrategia argumental de plantear un cambio en el plano de los valores y otros recursos retóricos para marcar la diferencia con  la gestión de Scioli. Antes, en el inicio de su alocución, había prometido «hablar de los hechos, sin verso». Por eso, fue a lo concreto y enumeró obras de infraestructura en distintas áreas de su gestión.

No obstante, Vidal no fue explícita en el pedido del voto de los bonaerenses, como lo hizo en 2017, en el umbral de la campaña para las legislativas. Solo se limitó a decir que el 10 de diciembre termina su mandato y serán los bonaerenses los que decidan quién gobernará la provincia a partir de esa fecha.

Vidal volvió a usar la figura de la provincia como trampolín para identificarse como una dirigente distinta a la clase política que la antecedió. «No estoy acá para usar a la Provincia como un trampolín de votos», dijo en tono severo, el mismo que usaría a lo largo de todo el discurso. Yo defiendo a esta Provincia sin construir una carrera política. La Provincia necesitaba que la quieran, que la cuiden y que la protejan. Eso es lo que estamos haciendo.La diferencia más importante con el pasado es que la Provincia nos importa de verdad, la queremos de verdad, nos interpela de verdad», levantó el tono la gobernadora en el tramo final de su discurso. Allí se vio una Vidal más severa y casi a voz en cuello disparó: «Demostramos que se puede trabajar en política sin enriquecerse». Y levantó a la hinchada de las bancas, que entonó el clásico macrista «¡Sí, se puede!».

En esa espiral de polarización y apuntándole al kirchnerismo, Vidal aseguró que Cambiemos demostró «que se puede hacer política sin gritos, sin agresiones, sin escraches, sin relatos», y coronó el solo de polarización con una aseveración para los títulos: «Somos realmente distintos.»

¿EL PRESIDENTE ESTA DEPRIMIDO?

Volviendo a los ecos del discurso presidencial, otro dato político que pasó desapercibido y rompió lo que es una tradición en cada sesión legislativa, fue la escasa presencia de mandatarios provinciales. Macri estuvo prácticamente solo.

Entre los asistentes, sobresalieron dos figuras del PRO, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Después, estuvieron el radical Gerardo Morales, de Jujuy, y el peronista Gustavo Bordet, de Entre Ríos. En el caso de los opositores, la ausencia puede leerse como un gesto político hacia el oficialismo en medio de un año electoral. Ell faltazo de dirigentes de Cambiemos es el fiel reflejo de la preocupación de la tropa propia por las encuestas, que cada día muestran peores números. Y en esa dirección, también hay que mencionar una inquietud que se apoderó por estos días de los sectores empresarios. El rumor dio cuenta que el Presidente está deprimido por la crisis de la que no consigue sacar a su gobierno. Se dice además que su entorno le oculta información para que el cuadro no se agrave. Se murmura que  la situación empezó hace unas semanas. Fue cuando Macri le dijo a una radio de San Luis que «ya está bajando la inflación» y que «lentamente va a mejorar la actividad económica». Al día siguiente, el INDEC publicó que el Índice de Precios al Consumidor ( IPC) trepó un 2,9% en enero, por encima del 2,6% de diciembre». ¿Desde su entorno le están ocultando indicadores al Presidente para no bajonearlo?. Si es así, sería exponerlo a cualquier cortocircuito.Al fin de la jornada, todas las bancadas de la oposición criticaron duramente el discurso presidencial sin reparos. Lo tildaron de “irascible”, “violento”, “de campaña”, “mentiroso”, “hipócrita”, “perverso”. Pero fundamentalmente “ficticio”, “disociado” y “escondedor” de la realidad que vive el país.

EL DILEMA DE COMO ENDEREZAR EL BARCO

Es evidente que el Gobierno se encuentra frente a un laberinto y no sabe como encarar la campaña electoral, cuando la realidad sobrepasa los guiones del equipo de Cambiemos. La calle se ha vuelto a recalentar con las protestas sociales y gremiales. Al equipo de Marcos Peña, especialista en ganar elecciones, esta vez le toca lidiar con la más fea y con pocas cartas en el maso. Saben que Macri está obligado a renovar esperanzas. Es difícil, frente a una opinión pública que le cuestiona todo lo que incumplió en materia de inflación y pobreza cero, por citar algunas frases del desafortunado manual de frustraciones del jefe de Estado.Las primeras espadas de la Casa Rosada están preocupadas. Observan que cada día crece el malhumor social por los efectos de la crisis, los tarifazos, la inflación, los bolsillos que enflaquecen y ya no llegan a fin de mes.

Encima marzo arranca con una catarata de aumentos. No sólo la nafta aumentó 3%, sino 14% electricidad, 10% colectivos, 10% trenes y 15% subte.

Además, un 18% anunció una de las compañías de telefonía celular y entre 15% y 40% colegios privados, sujetos al cierre de paritarias que impactará de nuevo en un par de meses.

También se encarecerán libros y útiles escolares. El precio de la carne en el mercado mayorista de Liniers tuvo un alza promedio de 16% en febrero y acumula casi 40% en el año. Aún no se habría trasladado todo el incremento a los precios minoristas y podría también impulsar el precio del cerdo, del pollo y las comidas elaboradas y restaurants. Además sube 3% el sueldo de empleadas domésticas.

La inflación de este mes rondaría el 3%. Irina Moroni, de la Fundación Capital, prevé un 3,2% y un 32,4% para todo 2019. Marina Dal Poggetto, de Eco Go, anticipa un 3%, con lo que se acumularía un 52,6% interanual. Fausto Spotorno, del estudio Ferreres, predice 2,9% en marzo y 30% en todo este año. Sigaut proyecta 3% y 35%, respectivamente. Tiscornia baraja un 2,7% y 30%.

EL PLAN B DE CAMBIEMOS

En el terreno político, las PASO también están en crisis. El oficialismo busca distender su frente interno y en lo posible, evitar que las primarias sumen costos antes que beneficios. Lo vienen aplicando en muchas provincias y en los últimos días desde la UCR dieron señales de enfriar el tema. Además, un virtual socio de Roberto Lavagna habló abiertamente de la «necesidad» de allanarle el camino al ex ministro, es decir, eludiendo comicios por la candidatura. Y apenas unos días antes, Cristina Fernández de Kirchner había dejado en claro que ella misma ordenará la interna del peronismo bonaerense sin pasar por las urnas.

Pese a este panorama de falta de recursos, cerca de Peña aseguran que los equipos técnicos del PRO se están reuniendo en la sede nacional del partido en San Telmo. El jefe de gabinete será nuevamente el timonel de la campaña y para el interior del país tendrá la colaboración de Rogelio Frigerio, Francisco Quintana y Humberto Schiavoni.

El temor que sobrevuela por la Casa Rosada, es el rumbo de las encuestas adversas para Macri en el territorio bonaerense. Según la última medición de Poliarquía, Vidal le saca 20 puntos de ventaja. También miran con una lupa el crecimiento de Cristina, que se observa replica en las provincias. Se perciben además en los campamentos de Cambiemos los disgustos de una economía con más inflación y recesión de lo previsto. Se baraja la posibilidad que la crisis siga desgastando al Gobierno y le haga perder las elecciones.

Hay quienes sostienen que para que Macri reciba algunas dósis de agua bendita, se ha planificado que María Eugenia Vidal lo acompañe a varios actos en las provincias. Y en el conurbano, la delicada misión para contrarrestar a los «odiadores», estará a cargo de Horacio Rodríguez Larreta, de buena imagen en el primer cordón, donde llegan los vientos  más positivos de su gestión. No obstante, la realidad marca que el color esperanza que siempre intentó mostrar el Presidente, hoy se está oscureciendo por el propio peso de la realidad ¿Y si Vidal fuera la candidata? El Plan B de Cambiemos, hoy vuelve a tomar fuerza.

 

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la Universidad Nacional de La Plata . Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com.

Emmanuel Angelozzi