Una antigua historia del siglo III antes de Cristo, cuenta que Damocles, un miembro de la corte del sanguinario rey Dionisio, era un adulador consuetudinario que se pasaba los días envidiando los lujos y el poder del tirano, (que dicho sea de paso tenía muchos enemigos que deseaban acabar con su vida).

Las repetidas adulaciones envidiosas llegaron a oídos del rey y este planeo una estrategia para darle un escarmiento, entonces le ofreció intercambiar los roles por una noche para que pudiera “experimentar” personalmente los placeres que tanto envidiaba, organizó una cena para Damocles y lo hizo sentar en su trono , mientras le servían exquisitas comidas y el mejor vino, gozando de los privilegios de su titulo temporal, todo iba muy bien hasta que Damocles en actitud contemplativa miró hacia arriba y vio una pesada y filosa espada colgando sobre su cabeza atada apenas por un pelo de caballo y entonces se le quitó el apetito y el deseo de paladear el vino, y también el deseo de ser rey, pidió entonces abandonar su puesto pues ya no quería ser tan “afortunado”

Hoy muchos nos parecemos a Damocles y no podemos dejar de sentir que un peligro pende sobre nuestras cabezas, y no importa nuestra condición de ciervos o soberanos , para experimentar el precio que se paga por tener un gran poder.

La psicología puso como ejemplo el relato de esta historia y pergeñó el nombre de Sindrome de Damocles, para explicar el estado de ansiedad que presentan algunos pacientes que han sufrido o han visto sufrir a algún ser querido de alguna enfermedad grave.

Este síndrome suele presentarse en pacientes que han sobrellevado y curado de un cáncer, pasando de la euforia de su cura al temor de su reaparición y por supuesto que también en muchos de los que padecieron otras enfermedades o se encuentra en un territorio susceptible de contraer una enfermedad que puede ser mortal.

Las secuelas psicológicas de esta pandemia se verán luego de que la misma haya desaparecido, aunque también emergen distintos síntomas en la actualidad por las exigencias del aislamiento, muchos creen ver a sus seres queridos que ya no estan o escuchar la apertura o cierre de puertas o escuchar sus voces, a otros los embarga el miedo inconsciente y reaccionan con violencia.

Pero como siempre conviene recordar la inscripción del anillo de otro rey mas sabio que decía “Esto también pasara”.

Rodrigo Gauna