La comparación contra el mismo período del año pasado mostró una suba de 0,7 punto en el indicador, que dio cuenta de una de las consecuencias clave de la recesión económica. 

En total, 2.100.000 personas buscaron empleo y no lo consiguieron. Pero si a la cuenta se suma a todas las personas con necesidad de conseguir trabajo, es decir a los ocupados que igual tienen intención de obtener uno, se llega a un total de 7.300.000 a nivel nacional.
La expectativa es que durante el cuarto trimestre las cifras hayan continuado en torno a las dos cifras de desocupación. Y hacia adelante no se esperan mejoran notorias en el corto plazo. El decreto que dispuso la doble indemnización durante 180 días apunta a frenar el drenaje de empleos asalariados formales, que volvieron a caer durante el tercer trimestre desde el 48,7% hasta 47,1% de los ocupados.
La perspectiva de que haya un rebote de la economía a partir del segundo trimestre, o en algún momento del 2020, no garantiza que los indicadores laborales mejoren. De hecho, según la economista senior de la consultora LCG, Melisa Sala, el actual ritmo relativamente moderado de la suba de la desocupación irá de la mano con ese fenómeno: «La decisión de muchas empresas de evitar despidos atenuó el aumento del desempleo. Pero podría tener un efecto negativo cuando la actividad invierta el signo y vaya hacia un sendero de crecimiento».
El coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA, Luis Campos, coincidió en que la recuperación tendrá que ser sostenida para que haya resultados y dijo: «Difícil que los datos del cuarto trimestre vayan a mostrar alguna mejora. A partir de la nueva gestión, por ahora todo apunta a parar la sangría de los asalariados registrados, lo que no está mal. Igual, desde mi perspectiva todo va a estar atado a lo que pase con la actividad económica y si un posible rebote tiene perspectivas de sostenerse en el tiempo. De lo contrario, va a ser difícil que el mercado formal de trabajo reaccione positivamente».
Los números publicados por el Indec dieron cuenta de un fenómeno que ya venía observándose. La suba del desempleo fue de la mano con un incremento en la cantidad de gente que salió a buscar trabajo, por la pérdida de salario real y el crecimiento del empleo precario, lo que se vio en la suba de 21,4% a 22,9% en el formato cuentapropista (se mantuvo en 25,4% el empleo asalariado que no paga aportes).
Buena parte de esas personas que salieron a buscar empleo, no lo consiguieron. Campos explicó: «El mercado laboral no llega a absorber a quienes salen a buscar trabajo y que antes estaban inactivos. Además, aumentan mucho los ocupados que buscan activamente trabajo, lo que es un indicador de precariedad. Y es que en el contexto actual el mercado ajusta más por condiciones laborales que por cantidad».
La escasa creación de empleo para absorber a quienes salieron a buscar se vio en la tasa de ocupación, que subió apenas 0,1 punto, hasta 42,6% de la población activa. De ahí el crecimiento de la desocupación.
Sala afirmó: «El incremento de los activos en un contexto recesivo suele reflejar la necesidad de los hogares de complementar ingresos. La caída del PBI de 2,5% interanual en lo que va del año explica el efecto trabajador adicional. Más personas de una misma familia salen a buscar trabajo. La inflación opera en el mismo sentido, ya que erosiona el salario».

LF