200 voluntarios estuvieron en Santiago del Estero e hicieron un amplio trabajo social de territorio para acompañar a familias que viven en condiciones de vulnerabilidad.

Carolina Zarlenga tiene 18 años y junto a la pastoral “Esperanza Jóven”, que nuclea jóvenes de entre 18 y 21 años, viajó durante diez días a Santiago del Estero para desarrollar un abordaje que incluyó la ayuda social y acompañamiento a las familias de diferentes pueblos.

“Nos movimos con las pastorales de la región, de diferentes colegios y lo que hacemos es juntarnos para ir a misionar a Santiago. De ahí nos movimos a distintos pueblos. Nos tocó ir por ejemplo, a Taco Bajada, en donde no tienen salita de primeros auxilios, el agua la tienen una vez cada dos días. No hay educación buena”, dijo por la 97.7 la joven misionera.

Además, relató que “estuvimos diez días allá y volvimos con otra cabeza. Fuimos por las casas y visitarlos. No necesariamente hablamos de la Fe o Cristo sino que tenemos otra concepción de lo que es Dios. Dios es un Dios de amor, el encuentro con el otro y no tanto la palabra. Tiene un trasfondo religioso pero lo principal es estar con el otro. La gente de esos pueblos no está acostumbrada a las visitas y te reciben como si vos fueras un Dios”.

“Todos los días nos encontrábamos con historias distintas. Verles la cara de felicidad cuando uno le da una golosina o jugas un rato, te llena los ojos de emoción. Sacarle una sonrisa con tan poco es un montón. A mí no me gusta la realidad que viven estas personas y siento que con algo mínimo puedo hacer un cambio”, agregó Carolina Zarlenga.

Melisa Delgado Niglia