*Por Jorge Joury/ Algunos analistas creen que por la potencia de los segundos en las fórmulas, la próxima elección será una suerte de Boca-River. Cristina vs Pichetto. Los dos son peronistas, pero hoy el destino los encuentra en orillas antagónicas y encarnando proyectos totalmente opuestos. Son el resultado de jugadas de ajedrez en este proceso electoral cargado de sorpresas, pero aún carente de proyectos cautivantes para terminar de seducir a los indecisos. El que viene será uno de los ciclos más difíciles de la historia, salpicado por la fragilidad económica de muchos años de decadencia, tanto de esta como de la anterior gestión. El ala política de la Casa Rosada le está dando a todos los candidatos que se van sumando a las listas del oficialismo, una instrucción y un activo para utilizar en la campaña. El primero es casi un mandato estratégico electoral: se debe hablar lo menos posible de economía real. La razón es simple. Si bien la situación macro, para la visión del oficialismo, ya tocó un piso y difícilmente se vuelvan a ver perforaciones en la actividad industrial y en el mercado interno, los bombardeos de las variables que arrojará el INDEC continuarán siendo negativos. Algunos de manera lapidaria, hasta las elecciones de octubre y quizá, lo más preocupante, hasta el balotaje. Lo que sí se garantizó desde Balcarce 50, es que el dólar no sufrirá vaivenes. Lo que el oficialismo no puede contener, es que las malas noticias de la crisis, sobre todo la cifra de desocupación, justamente le están lloviendo en medio de la campaña. Por ejemplo, el desempleo saltó al 10,1%, el valor más alto en 13 años.Otro dato del
Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), señala que el 51% de los menores de 17 años son pobres. Habrà que poner atención, que estos chicos también votan.
En medio de este escenario, el Gobierno viene observando con preocupación los vientos peronizadores que brotan con fuerza por los poros de las elecciones provinciales. Da la impresión que el sello del justicialismo es el que más factura en la oferta electoral. Pero lo cierto es que por primera vez en décadas y en una circunstancia inédita, la figura del vicepresidente, histórica e institucionalmente insignificante, vuelve al centro de la escena con singular ímpetu. Primero fue la decisión de Cristina Fernández de auto postularse como precandidata a vicepresidente, eligiendo a Alberto Fernández, para que lleve las banderas del espacio. Y como contrapartida Mauricio Macri invitando nada menos que a uno de sus rivales, Miguel Angel Pichetto, a que acepte acompañarlo en la fórmula presidencial.
Pero hay que decir que Macri recurrió a Pichetto casi por descarte. Fue tras las negativas de Juan Manuel Urtubey y Ernesto Sanz, más la certificación de que ya no había tiempo para instalar una candidata joven de recorrido y carisma, como para dar pelea pareja.Tampoco había forma de rescatar alguna otra figura competitiva en el radicalismo, al que Macri le prodiga una profunda desconfianza.
Pichetto es el resultado de ese descarte, y mal puede entonces adjudicársele el carácter de sorpresa buscada.
Podrá pensarse lo que se quiera de Cristina y su decisión, y de cómo vaya a salirle. Lo que no se puede es negar que ella elaboró la estrategia hace tiempo y de a poco, desde la recomposición de relaciones con Alberto Fernández. Pichetto es prácticamente el último lance de fórmula que le quedaba al macrismo y, si acaso les saliera bien, será por lo que haga el Gobierno de acá en adelante.
Pichetto también opina de los temas más sensibles. Dijo que si fuera Mauricio, ya le hubiera pedido la renuncia a Gustavo Lopetegui. Fue una reacción íntima, que reflejó el malestar que muchos dirigentes del oficialismo tienen por la gestión y actuación que tuvo el secretario de Energía durante el histórico apagón. También se reunió con Elisa Carrió en secreto y planificaron la estrategia de la campaña.
A LA CAZA DE LA BOLETA CORTA
En la cantera del oficialismo se asegura que Pichetto saldrá la próxima semana de gira por el interior del país con Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. La idea es mantener bilaterales con gobernadores peronistas que podrían sumarse a la boleta corta, sin candidaturas presidenciales. También le prometió a María Eugenia Vidal sembrar en el territorio bonaerense para atraer a los desencantados de Sergio Massa. Fue el propio Mauricio Macri quien le abrió la tranquera al ala peronista del Gobierno nacional, después de la cumbre en Los Platitos, donde el candidato a vice de Juntos por el Cambio volvió a agrupar a todo el PRO peronismo, desde Diego Santilli y Cristian Ritondo, hasta Federico Salvai y el mismísimo Monzó.
Córdoba, Misiones, Río Negro, Chubut, Santiago del Estero y Neuquén fueron las primeras provincias en adherir a la “boleta corta”. Es decir, en las elecciones generales de octubre los oficialismos locales sólo presentarán papeleta para los cargos legislativos nacionales. El tramo presidencial irá aparte, desenganchado del resto de los cargos. En Casa Rosada estiman que de esta manera los PJ provinciales, a cargo de los Ejecutivos locales, evitarán arrastrar votos hacia el Frente Todos que lleva la fórmula Alberto Fernández-Cristina de Kirchner.
Las elecciones provinciales realizadas hasta ahora arrojan una combinación de datos abrumadores. El peronismo arrasa en muchas provincias, o gana más cómodo que antes, o pierde por menos diferencia. Pero en todos lados crece, y mucho. Es en general, un peronismo no K, y bastante conservador, pero peronismo al fin. Al contrario, Cambiemos se achica significativamente. Si se proyectara esa línea de puntos, la suerte de Macri estaría echada. Pero debemos ser cuidadosos. No conviene abusar de un método que ya resultó fallido en otras oportunidades. Macri suele parecer terminado semanas antes de toda elección y luego resucita.
No obstante, si se proyectan los votos en las provincias hacia octubre, la suerte de Macri estaría sellada.Pero ese método no siempre permite llegar a conclusiones correctas.
EN BUSCA DE LOS POROTOS QUE LES FALTA
Tanto Macri como Cristina, lo que buscan es atraer a la franja de indecisos y desencantados. Por eso han oxigenado sus espacios con fragancias nuevas. En el caso de Pichetto, hay que decir que terminará su mandato de senador el 10 de diciembre. Tendrá entonces 69 años. Nació en Banfield el 24 de octubre de 1950. Este viejo zorro de la política sabía que su nombre no figuraba entre los tres posibles candidatos a senador que pondrá en juego su provincia adoptiva, Río Negro. Entendió que la vida le levantaría una barrera que terminaría con su función de gran articulador del Poder Ejecutivo en el Senado y se subió al colectivo que pasó primero para no perder vigencia.
Si recorremos su trayectoria, Pichetto cumplió como oficialista un papel clave en los gobiernos de Carlos Menem (primero como senador y luego como presidente de bloque), Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. También había quedado atrás su sueño de gobernar Río Negro. Perdió dos veces las elecciones, en 2007 y en 2015. Y en 2011 ni siquiera llegó a candidato porque Carlos Soria le ganó la interna. Ni siquiera es presidente del PJ de Río Negro, que ahora busca expulsarlo como afiliado por considerar que alinearse con el oficialismo, en el plano partidario significa un acto de «traición».
Sin votos ni territorio ni Senado, a Pichetto se le acotaba la oferta de servicios. Le quedaba en cartera la información sobre vida y milagros de los jueces federales y sus nexos con la inteligencia local construidos entre otras vías a través de la participación en la comisión bicameral que debería seguir a los organismos de espionaje. No era poco, ni es poco ahora, pero Pichetto es un político audaz y un hábil declarante ante el periodismo. Es un productor de títulos interesantes, nunca titubea y se siente llamado a trascender.
Como candidato a vice de Macri, su plan de largo plazo es obviamente ganar. Si eventualmente Macri reeligiera, Pichetto recobraría poder y, desde la Presidencia del Senado, hasta podría disputar un espacio dentro de un peronismo que, en ese caso, quizás terminaría atomizado.
UN JUGADOR DE REFLEJOS RAPIDOS
El plan de largo plazo recién se sabrá en la primera vuelta del 27 de octubre o en la segunda del 24 de noviembre. No obstante, en el interín Pichetto se pondrá el traje de un lobbyista de los Estados Unidos para mantener calmos a los mercados y no hacer olas en el FMI. Rápido de reflejos, Pichetto mandó mensajes en esa dirección, no bien fue ungido candidato a vice. Por ejemplo señaló que es partidario de un capitalismo moderno.
Macri con él también jugó una carta sorpresa demoledora. Nombrar a un jugador de la oposición del peso de Pichetto, en este caso ha logrado sacar de la escena el tema de la antinomia peronista, agranda el espacio y agrega un símbolo muy fuerte de gobernabilidad.
Si alguien planteaba hace tres meses este escenario, hubiese parecido casi disparatado. Ahora habrá que esperar el paso de los días, para despejar las incógnitas. Otros en cambio, ponen en la mira en la futura relación de Pichetto con un hombre con la personalidad de Marcos Peña. ¿Cuánto durará la luna de miel entre ambos?. En la reunión de gabinete Pichetto dejó en claro que no está dispuesto a ser espectador, sino que también quiere espacios de poder y poner hombres suyos en lugares estratégicos, como la Cancillería.
La elección de Pichetto en términos políticos, es un pacto democrático que deja atrás el purismo PRO y le permite a Macri recuperar la iniciativa política que había perdido desde que Cristina Kirchner se bajó de la candidatura a presidente. Además le abre un canal de diálogo inmejorable con gobernadores, sindicalistas y peronistas clásicos. Los mismos que siempre estuvieron para acordar y que Marcos Peña y Durán Barba desdeñaron con su tendencia a priorizar el escenario mediático por sobre las políticas de Estado. La paradoja es que en el límite, no fue Facebook, ni los trolls ni Whatsapp. El chaleco salvavidas lo acercó un señor que como el propio Macri se encarga de enumerar en un viejo video ahora viralizado, estuvo con «todos» los gobiernos peronistas. Es decir, un político profesional. Pichetto hace más de 20 años que presidente el bloque de senadores del peronismo. Lo hizo con Menem, Duhalde y los kirchner. Los intendentes bonaerenses también lo respetan y casi todos le deben algún favor. Pichetto es un hombre de muy buena cintura política y le aporta gobernabilidad a Cambiemos. Ya que si a Macri le toca otro período, habrá que negociar las leyes con la oposición en el Congreso, donde no habrá grandes mayorías.
Hay que entender que elegir a Pichetto es elegir a Frigerio, a Monzó, a Cornejo, a Sanz, a Massot. Es darle la razón a todos los que Macri ubicó un escalón debajo del mandato tecnológico de Marcos Peña. Es tal vez un giro oportunista hijo de la necesidad, pero cristalizado en una fórmula presidencial.
LAS DUDAS QUE SE ALZAN SOBRE CFK
En cuanto a Cristina, muchos dudan que su función de vice vaya a ser solo de acompañamiento. La ven tomando decisiones en todos los planos. Otros en cambio sostienen que Alberto F la sacó un peso de encima y le permite enfrascarse más en la atención de la salud de su hija Florencia. Creen que la ex presidenta comprendió que la única manera de desalojar a Macri del poder, era por la vía de un jugador moderado como AF. Cristina entendió que había que resguardar los votos puros, pero también que se necesitaba de una inyección de cambio para sumar voluntades y ganar en primera vuelta. Cree que Alberto y Sergio Massa son la sociedad perfectapara hacer la diferencia y ganar en primera vuelta.
Alberto ya demostró su carácter, cuando dio un portazo y se fue del gobierno de los Kirchner. Fernández ya manejó las campañas de Néstor, la de Massa, cuando integró el FR y después la de Florencio Randazzo. Ahora repite en su entorno que él será su propio jefe de campaña «para volver a enamorar».
Próximo a cumplir 60 años, se mostró siempre conciliador, dialoguista que lejos está de ser un sinónimo de debilidad. Se reconoce como un militante y, sobre todo, un ferviente seguidor de Néstor Kirchner. En el libro Políticamente Incorrecto, que Fernández escribió en 2011, aseguró que Kirchner no sólo era su amigo sino su jefe político.
Fernández conoció a Kirchner en 1996 por iniciativa de Eduardo Valdés, quien le insistía en que se reuniera con el entonces gobernador de Santa Cruz que ya se había distanciado de la presidencia de Carlos Menem por considerar que había abandonado la lógica que Perón le había dado al movimiento nacional y popular.
Este vínculo se profundizó cuando Eduardo Duhalde comenzó a trabajar en una candidatura presidencial que sería derrotada por Fernando de la Rúa. Fernández integró el equipo de campaña del bonaerense y junto a Kirchner organizaron en octubre de 1998 lo que luego se conocerá como el Grupo Calafate o, que es lo mismo, el protokirchnerismo. A partir de allí, la relación entre Fernández con Néstor y Cristina se profundizó y se extendió en el tiempo.
UN NESTORISTA PARA VOLVER A ENCANTAR
De alguna manera se puede afirmar que Alberto Fernández fue el más “nestorista” de todos aquellos que participaron de los gobiernos de los Kirchner. Fue uno de los pocos que se animó a disentir con CFK y hasta de retirarse del gobierno por las diferencias que tuvo con la entonces presidenta. En ese contexto, Fernández emigró hacia el llano y poco después se acercó a Sergio Massa a quién acompañó durante su intento por ser el líder de “la ancha avenida del medio”. Pero no se convirtió en un massista lo que le permitió salirse de ese espacio para intentar reunificar el peronismo porteño. La ruptura con Massa no implicó un quiebre en la relación con el hombre fuerte del Frente Renovador.
En las actuales circunstancias, tal vez valga la pena mirar hacia atrás y destacar algunos mensajes que en ese sentido nos ha dado la historia institucional de la Argentina.
De los seis presidentes que en la Argentina gobernaron más de una vez, es decir, en al menos dos períodos presidenciales (Julio A. Roca, Hipólito Yrigoyen, Juan D. Perón, Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Fernández), solo el difunto santacruceño lo hizo con el mismo vicepresidente: Daniel Scioli.
Aunque el lector se sorprenda, Kirchner ejerció su mandato presidencial en dos períodos consecutivos: en la última parte del período 1999-2003 (que había sido iniciado Fernando de la Rúa), cuando reemplazó a Eduardo Duhalde con el objetivo de finalizarlo, y en el período 2003-2007 para el cual había sido efectivamente elegido. En ambos mandatos fue acompañado por el ex motonauta.
Algunos recordarán el caso de Juan D. Perón, quien desarrolló su primer mandato presidencial en el período 1946-1952 acompañado por Juan Hortensio Quijano, quien fue reelecto junto al General para gobernar en el período 1952-1958. Sin embargo Quijano falleció antes de asumir por segunda vez el cargo de vicepresidente. En aquel momento se convocó nuevamente a elecciones y el pueblo eligió al entonces oficialista Alberto Teisaire para reemplazar al vicepresidente fallecido.
Significa entonces que Scioli, aunque fue elegido solo una vez para ser vicepresidente por el período 2003-2007, ocupó ese cargo en dos períodos (siete meses del período 1999-2003 y en el período 2003-2007). Mientras tanto Quijano, que fue elegido en dos ocasiones para ser vicepresidente de Perón, solo llegó a ocupar el cargo en un solo período.
SOLO KIRCHNER GOBERNO CON EL MISMO VICE
En definitiva, salvo el caso particular de Kirchner-Scioli, ninguno de los cinco presidentes que fueron elegidos dos veces para desempeñarse en sendos períodos presidenciales (tres en el caso de Juan Domingo Perón), gobernó las dos veces (o tres en el caso de Perón) con el mismo vice.
La ambigüedad antes referida hace que la figura del vicepresidente esté, en su dimensión institucional, caracterizada por fortalezas y debilidades.
Debilidades porque preside un órgano de cuya actividad legislativa no participa, ya que no tiene tareas asignadas en el órgano ejecutivo (allí cumple un rol en expectativa, debiendo estar preparado para reemplazar al presidente de la Nación en caso de ausencia), y porque la Constitución Nacional no prevé la obligación de reemplazar al vicepresidente en caso de ausencia.
Sin embargo la escasa magnitud del cargo vicepresidencial contrasta con algunas fortalezas que no pueden ignorarse: es un funcionario con legitimidad democrática de origen -ya que es elegido por el pueblo a través del sufragio-, no puede ser removido de su cargo por el presidente –toda vez que eso sólo puede hacerlo el Congreso Nacional a través de un juicio político-, y a pesar de tener una escasa relevancia institucional, de pronto puede convertirse en la primera figura política del país, en la medida que, de ocurrir un deceso, renuncia o destitución del primer mandatario, aquel debe ocupar su cargo hasta la finalización del período presidencial.
Pues la historia también nos indica que esto último efectivamente ha ocurrido en seis oportunidades: Carlos Pellegrini reemplazó a Miguel Juarez Célman cuando éste renunció a su cargo en 1890; lo mismo ocurrió con José E. Uriburu, quien debió reemplazar a Luis Saenz Peña al presentar éste su renuncia en 1895. También José Figueroa Alcorta asumió la presidencia cuando falleció Manuel Quintana en 1906. Roberto Ortiz fue reemplazado por Ramón Castillo por haber presentado su renuncia en 1942, y Juan D. Perón fue reemplazado por su entonces esposa al fallecer en el año 1974. La coyuntura y la historia de la mano, en un contexto en el que la figura del vicepresidente pareciera haber despertado de su letargo institucional.
Lo que parece claro es que el sello peronista ya no genera rechazo ni antipatías.Tanto es así que hasta Macri impulsa que algunos de sus jugadores canten la marchita.¿Le alcanzará al Gobierno esa música para cruzar la recta final y revalidar títulos?./

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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