El pasado jueves se inauguró en Concepción del Uruguay el primer busto- del que se tenga conocimiento- de Osvaldo Bayer. Estuvieron presentes su hijo Esteban, Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, militantes y referentes de organismos de Derechos Humanos. También salieron en la foto autoridades locales y provinciales.

El busto de Osvaldo fue colocado a una cuadra del monumento que recuerda a Rodolfo Walsh, sobre la plazoleta de los DDHH, en el Boulevard Irigoyen.

Hasta allí mismo llegó hace unos años el periodista para homenajear a su viejo amigo, “hijo del pueblo, el mejor de su generación”, según sus propias palabras. Esa vez, Bayer contó que su padre y su madre vivieron en Concepción del Uruguay hasta algunos días antes de su nacimiento, por lo que, según unos simples cálculos, fue concebido en estas tierras.

Taty Almeyda le habló a la juventud y al propio Osvaldo, a quien definió como un militante de la verdad, un compañero se las Madres y de los 30 mil detenidos desaparecidos.

Esteban por su parte, recordó que su padre luchó siempre para bajar del bronce a los representantes de la muerte y el padecimiento de nuestros pueblos, cuyo emblema máximo es Julio Argentino Roca. Agradeció a las autoridades por la idea y el homenaje pero al mismo tiempo (el “pero” es literal de su discurso) les advirtió que “el viejo no se va a quedar ahí arriba”, va ir a escuchar a las vecinas, a los trabajadores, a la gente común y luchadora a la que siempre le prestó el oído y la voz. 

Tal vez en un tiempo, no falten los comentarios y las leyendas que digan en voz baja que por las noches, las figuras del hombre de barba y la del señor de anteojos hacen de las suyas, molestando a otras estatuas de bronce opaco de la ciudad histórica, o torciendo el sueño de los que nunca tendrán una calle a su nombre.

Por lo pronto, ahí está Osvaldo, el desmonumentador, andante, en un ganado y merecido lugar.

LF