“Sigo con preocupación lo que está sucediendo en Chile. Espero que, poniendo fin a las manifestaciones violentas, se utilice el diálogo para encontrar soluciones a la crisis y hacer frente a las dificultades que la han generado, por el bien de toda la población”, afirmó el Papa en la audiencia general que presidió este miércoles 23 de octubre en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

La violencia en Chile comenzó el lunes 14 con manifestaciones de estudiantes en varias estaciones del metro de Santiago, en respuesta a la convocatoria que alentó a ingresar al tren subterráneo sin pagar el pasaje que aumentó a 830 pesos chilenos, alrededor de 1,17 dólares.

Esta acción se mantuvo durante la semana en distintos horarios, hasta que el jueves 17, algunos grupos comenzaron a destruir los molinetes de ingreso, dañar las estaciones y la vía pública.

Al día siguiente aumentó la violencia y esto obligó a las autoridades a decretar el estado de emergencia y el toque de queda para intentar restablecer el orden.

Detrás del alza del precio del transporte público hay una problemática de fondo que se acentuó en los últimos años debido a una marcada desigualdad social; fruto de los compromisos sin cumplir de los gobiernos de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera.

El aumento de la delincuencia, la dificultad para acceder a una vivienda propia, el alza en los precios de los servicios básicos, la falta de un sistema educacional equitativo, las pensiones de jubilación que bordean los 150 dólares, y el sueldo mínimo de 415 dólares que obliga a las familias a endeudarse, son algunos de los factores que afectan directamente a los chilenos.

Si bien se aprobó una ley para detener el alza del precio del transporte público, que puede representar hasta un 30% del ingreso de una familia, las manifestaciones en su mayoría pacíficas se mantienen en las calles.

Melisa Delgado Niglia