El miércoles 8 de este mes, Diego Agüero, titular del Juzgado de Garantías Nº6 de Florencio Varela, el encargado del expediente que investiga la violación en manada a Miki, una menor de 17 años del barrio Santa Rosa de Florencio Varela, decidió la prisión preventiva para diez de los once detenidos del caso, el restante un menor bajo un juez de responsabilidad juvenil.

Lo hizo en el plazo límite que le permitía la ley, luego de que los familiares de los acusados, todos varones del Santa Rosa de 18 a 24 años, cortaran la calle de su juzgado en Florencio Varela y le exigieran una audiencia privada.

El juez los recibió, escuchó cómo le echaban la culpa a Miki, que había «escabiado y fumado porro», que se «hacía la santa», que había consentido todo. Miki no decía lo mismo: aseguraba que había sido sometida una y otra vez en una previa de alcohol en la casa de dos de los acusados, los hermanos Krick, para terminar apenas con su corpiño puesto, llorando, apestando a lavandina.

Las pericias la apoyaron, en parte.

La Superintendencia de Policía Científica descubrió semen y sangre en su corpiño y bombacha, en material genético extraído mediante hisopados en sus orificios.

Todos los acusados, la gran mayoría de ellos defendidos por abogados particulares, se negaron a declarar. Por otra parte, tres testimonios apoyaban el relato de la víctima.

Los familiares de los acusados se fueron aplaudiendo de la sala de audiencias donde Agüero los recibió, creían quizás haber sido escuchados.

Agüero decidió la prisión preventiva para todos, en un fallo poco común para la Justicia bonaerense, marcado por la empatía con la víctima y la perspectiva de género con una chica de 17 años que había conocido el sexo en su vida casi exclusivamente por el abuso, abandonada por su madre, violada y embarazada con su padrastro, el padre, según ella, de su beba de dos años.

«Soy partidario de la política judicial de género», afirmó Agüero en su resolución, sin rodeos, mientras aseguraba que los acusados«aprovecharon la desigualdad histórica entre el hombre y la mujer existente en la cultura argentina, tratando a la mujer como un objeto sexual, como una cosa que luego se abusa, se la deja ultrajada y humillada».

Días después de esa resolución, al juez lo acusaron de feminista.

Su feminismo, razonó Oscar Serrano, era un atentado a la parcialidad. Así, pidió que el juez sea recusado, que se vaya de la causa.

Oscar Serrano

Es un abogado defensor en la causa, representa a cuatro de los detenidos, los hermanos Laureano y Octavio Joel Coria, Leonardo Ezequiel Silva, Matías Guillermo Lamboglia. En la mesa de entradas del Juzgado Nº6, presentó poco después de la firma un escrito de cuatro carillas en donde aseguraba que los razonamientos de Agüero «afectan su independencia e imparcialidad en perjuicio de mis defendidos» y que también se ven amenazadas «las garantías constitucionales del principio de inocencia».

Objetaba, por ejemplo, que recibiera a Miki a puertas cerradas, sin la presencia de personal de la fiscalía del caso, sin abogados defensores enfrente, que se nutriera de investigaciones periodísticas.


Laureano y Octavio Joel Coria, dos de los defendidos por el abogado Serrano.

La resolución de la Cámara Penal de Quilmes:

La Sala II de la Cámara de Casación de Quilmes decidió apoyar de todos modos al juez de Florencio Varela Diego Agüero a quien habían recusado por «ser feminista» cuando procesó a 10 acusados de violar a la joven «en manada». Con la firma del juez Pablo Barbieri, la causa vuleve a Agüero.

Aquí el fallo:

Melisa Delgado Niglia