La cara más negra de la crisis en la industria se reflejó con fuerza en los denominados sectores sensibles, en donde la retracción productiva en el acumulado 2016-2019 empujó a la deriva a más de 40 mil puestos de trabajo.

La ausencia de créditos, los aumentos en las tarifas de servicios públicos y la fuerte devaluación del peso se combinaron para, además, debilitar al máximo la capacidad salarial de los empleados del sector. Con una caída de 8,8% en el IPI manufacturero en los cuatro años del macrismo, 15 de 16 rubros medidos cayeron en su capacidad de producción y explicaron la pérdida de más de 170.000 puestos.

Un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) señaló que «la actividad económica se contrajo en tres de los cuatro años de la gestión de gobierno anterior», y responsabilizó al «aumento de las tarifas de los servicios públicos, el incremento del precio del dólar (el peso se depreció un 20% en una semana después de las elecciones primarias) y el aumento de las tasas de interés» como responsables de la destrucción del salario real.

«Los sectores más afectados dentro del sector industrial han sido en primer lugar, los de cuero y calzado que perdieron al menos 14 mil puestos de trabajo. En segundo lugar, productos textiles con una pérdida no menor a la de 13 mil empleos, seguido por confecciones (-11.647), edición (-8.755), productos de caucho y plástico (-7.976), productos químicos (-7.876), alimentos (-7.116) y automotores (-6.722)», señaló el informe de la Undav.

Existieron diversos factores que se combinaron para que la actividad fabril, que genera empleo de calidad y dinamiza a otros sectores de la economía, tuviera una fuerte reducción en la utilización de su capacidad instalada. «El aumento de la capacidad ociosa puede explicarse por las altas tasas de interés que incentivaron la liquidación de inventarios y encarecieron el acceso al crédito; y a la depreciación del tipo de cambio que elevó el precio de insumos y maquinarias, mientras ocasionó la caída en salarios reales y con ello el debilitamiento de la demanda interna», sostuvo el informe.

Pero esa crisis se originó con un proceso de alta inflación que generaron «problemas en la cadena de pagos, las bruscas y sucesivas devaluaciones, y la caída en el salario real, con su correlato negativo en el consumo». Ese combo hizo «muy difícil la viabilidad del sector industrial».

«La industria automotriz junto a la metalmecánica fueron las que sufrieron un mayor impacto negativo al caer un 31% y 26% respectivamente», en materia de capacidad instalada. La producción de autos, en franco deterioro, llegó a diciembre utilizando dos de cada diez máquinas instaladas, una estadística que mostró una radiografía de la situación sectorial, con caída de ventas y dependiente de una limitada política de exportaciones durante el macrismo.

LF