*Por Jorge Joury

Cristina Kirchner no habla, pero suma en las encuestas. Por esta razón, el reloj electoral de la Casa Rosada empezó a marcar la hora de meter miedo con su posible retorno. Sin logros económicos para mostrar, el Gobierno empezó a agitar esos temores para que cada vez sean más tangibles. Frente a la incertidumbre electoral, por primera vez desde que asumió, las primeras espadas amarillas le marcaron a Macri que llegó el momento de atender el viejo reclamo de avanzar con un acuerdo de gobernabilidad con la oposición. Pero la jugada también incluye la picardía política de encapsular la eventual candidatura de Cristina Kirchner y reforzar el mensaje del oficialismo para llevar calma a los mercados. Desde la oposición sospechan que la movida es para obtener marketing electoral. Hasta el propio presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, salió a dinamitar el escenario político y pidió que Cambiemos llegue a un acuerdo con Roberto Lavagna y Sergio Massa para derrotar a Cristina Kirchner, porque Mauricio Macri no lo puede hacer solo.

En el peor momento de la última corrida contra el dólar, el Gobierno abrió dos canales de diálogo: con el Fondo Monetario Internacional ( FMI ) y con los dirigentes de la oposición a los que considera «racionales y responsables». El primer grupo, liderado por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne , logró que Cristine Lagarde le soltara las manos al Banco Central para intervenir dentro de la zona cambiaria. Muchos dicen que en realidad fue Donald Trump, quien le obsequió una vida más a Macri.

En lo que tiene que ver con el diálogo con la oposición, el ministro del Interior Rogelio Frigerio, uno de los adalides del ala política, que siempre impulsó un acuerdo más amplio, exploró junto a Pichetto y Urtubey la posibilidad de acordar 10 medidas, que aún están en etapa de revisión. Después, el gobernador salteño fue quien le pasó el borrador a Sergio Massa. Muchos se preguntan por qué el Presidente no lo hizo  desde el arranque de su gestión y ahora lo pone sobre la mesa faltando pocos meses para las elecciones.

Los observadores señalan que dos fueron las intenciones que impulsaron al Presidente a dar luz verde a la nueva aventura, que deja atrás una posición que mantuvo inalterable durante tres años y medio de gestión. En primer lugar, Macri apunta a dejar en orsai que la posición extrema que representa CFK frente al organismo multilateral de crédito y el resto de los acreedores representa solo al kirchnerismo. También la jugada obliga a la ex presidenta a pronunciarse en el corto plazo si jugará o no en la contienda de octubre.

Pero, además, si la Casa Rosada logra sellar la declaración con parte del peronismo anti K, será una señal inequívoca para los mercados, que, tras sepultar el «plan V», suman al escenario un nuevo gesto de certidumbre y gobernabilidad.

La negociación esconde también una trampa para los representantes del PJ no kirchnerista que buscan emerger como una opción competitiva por sobre la grieta: rechazar el convite los dejaría expuestos a una identificación con la ex presidente y su tribu. Para Roberto Lavagna, » es poco serio. Esto no es consenso, es marketing de Cambiemos».

Sergio Massa, también salió con los tapones de punta: «No queremos pensar que intentan dividir a la oposición, que estamos ante una trampa electoral. Que los argentinos caigan nuevamente en la trampa de la grieta, en la idea de que hay buenos o malos». La oposición olfatea que la movida es solo un intento de polarizar con Cristina, dejando afuera al resto de los actores.

Es evidente que las encuestas obligaron a Macri a cambiar el paso para evitar mayores averías. Uno de esos sondeos disparó al máximo  las alarmas de Balcarce 50. Notificó al Gobierno que Cristina Kirchner se impone a Macri en la provincia de Buenos Aires y pone en riesgo la relección de Vidal. Se trata de una medición sobre 2500 casos que realizó la consultora Círculos Data en territorio bonaerense. El objetivo del relevamiento fue medir las percepciones y actitudes de la ciudadanía bonaerense hacia las elecciones 2019. En función de la cantidad de casos de la muestra el estudio también arroja resultados estadísticamente significativos en cada una de las ocho secciones electorales de la provincia.

En cuanto a los resultados, la mirada de la ciudadanía hacia el Gobierno Nacional es mayormente crítica. 63,9% de los bonaerenses evalúa negativamente su gestión. Un 60,5% tiene una mala imagen del presidente. Más aún, 85,5% opina que la presidencia de Mauricio Macri no cumplió con sus promesas de campaña.

En paralelo a la mayoritaria valoración negativa hacia el ejecutivo nacional, el estudio detectó un fortalecimiento de  la eventual candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner. En todos los escenarios e hipótesis indagadas la ex presidenta aventaja a Mauricio Macri por al menos 7 puntos.

Frente al actual escenario, Cristina Kirchner ultima detalles para tomar centralidad en la tradicional Feria del Libro donde presentará su libro “Sinceramente”, que ya tiene 124 mil ejemplares en el mercado y bate récord de ventas. La senadora pasó la  semana pasada, entre el paro del martes y el feriado por el 1° de Mayo, en su departamento de Juncal y Uruguay. Tuvo con pocas visitas, entre ellas la de Alberto Fernández. Lo que su equipo avanzó respecto de la presentación en La Rural para el 9 del corriente, es que Tristán Bauer está preparando un modo de transmitir lo que suceda en el Salón José Hernández. El ex director director del Sistema Nacional de Medios Públicos del kirchnerismo analiza la posibilidad de que más de 20 mil personas se acerquen a los alrededores del predio ferial para seguir la palabra de “La Jefa” en unas pantallas gigantes puestas ad hoc. Y apuestan a que la palabra de CFK sea amplificada por los principales canales de noticias, con transmisión en vivo. 

Todas estas señales han obligado al Presidente a anunciar un paquete de medidas para hacer revivir el consumo, entre las que incluyó el congelamiento de tarifas y productos de la canasta básica, dos políticas que siempre resistió. Y además, volvió a renegociar con el FMI con la bendición de Donald Trump y ahora avanza con la oposición sobre un programa común, algo impensado hace solo unas semanas. En solo 15 días Macri mandó una señal inequívoca que está dispuesto a ceder para ganar.

Sus escuderos además comenzaron a agitar con inusual puntería, que si Cristina gana, la Argentina podría llegar a convertirse en Venezuela. La agudización del drama en el país caribeño le vino como anillo al dedo a los operadores de Cambiemos. La realidad venezolana es uno de los factores que determinan los alineamientos de la política doméstica argentina. Por esa razón, Mauricio Macri tiene derecho a sentirse beneficiado por una paradoja: la pesadilla de Caracas le da una ventaja electoral. No solo porque identifica a su principal rival, Cristina Kirchner, con la dictadura de Nicolás Maduro. También porque la supervivencia del hombre del pajarito vuelve más intolerable para el gobierno de Donald Trump una regresión al kirchnerismo. Este es el factor decisivo en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional que cada vez le abre más la mano a la Casa Rosada y le otorga mayores beneficios, como nunca lo hizo en la historia.

Otra de las estrategias para que las agiten algunos periodistas amigos de la Casa Rosada en el extenso manual del miedo, es la creación del denominado «ministerio de la venganza». Se apunta a instalar la idea que si el kirchnerismo corona en las elecciones de octubre, pondría en marcha una gran cacería de opositores.

Marcos Peña es el principal impulsor en sembrar que la actitud de los mercados se origina en el miedo a Cristina, omitiendo a sabiendas que no habría miedo alguno a «volver al pasado» si los resultados del Gobierno no fueran tan desastrosos como los que se observan.

Hasta María Eugenia Vidal, el as de espadas de Cambiemos, recibió instrucciones por parte del equipo de Durán Barba, para salir a polarizar con Cristina y poner en el centro de la escena «el cuco del kirchnerísmo», una manera de intentar rescatar al Presidente.

Como hace ocho años, el asesor ecuatoriano vuelve a ser clave para el futuro político de Macri. Es uno de los defensores más cerrados de la polarización con Cristina, aún sin confirmar si será o no candidata.

Hasta ahora, el ecuatoriano, que acompaña a Macri desde sus inicios, casi que no conoció la derrota en este país. Solo perdió en las elecciones del 2003 para la jefatura de Gobierno, en la segunda vuelta, frente a Aníbal Ibarra. Tras ese traspié fueron todas victorias: en las legislativas del 2005, en las dos elecciones ejecutivas porteñas del 2007 y del 2011, y la presidencial del 2015, el premio mayor. El de este año asoma como su principal desafío.

Por el contrario, Durán Barba no es profeta en su tierra. En las elecciones presidenciales de febrero del 2017, su candidato Paco Moncayo, un ex militar retirado, salió cuarto.

Ahora, sin poder mostrar logros económicos, el ecuatoriano decidió jugar todas sus fichas a la campaña del miedo para tabicar a CFK.

Frente a la pronunciada caída de Macri en las encuestas, el oficialismo apostará a la centralidad en Vidal. La gobernadora es la figura con mayor imagen positiva del Gobierno, pero a la vez es la más expuesta en términos electorales. No hay que olvidar, que la elección para gobernador de Buenos Aires no tiene segunda vuelta y se define 27 de octubre. Cristina de Klirchner roza los 50 puntos de intención de votos en algunos distritos del conurbano como La Matanza o Malvinas Argentinas. Y podría complicar la reelección de Vidal si Axel Kicillof, o quien sea el postulante de Unidad Ciudadana para la gobernación, fideliza el voto de la ex presidenta.

La caída de la imagen presidencial en medio de la crisis social y económica obliga a la Casa Rosada a pegar a Macri con figuras como Vidal y Larreta que conservan un mejor índice de aprobación en sus distritos. Sólo en la provincia de Buenos Aires, el ticket presidencial de Cambiemos mide 7 puntos menos que la intención de voto que cosecha la gobernadora.

Si logra planchar el mercado, Macri aspira a estabilizar su propia candidatura. Les ha comentado a sus generales que primero pretende terminar el mandato. Quiere asegurarse de ser el primer presidente opositor al peronismo que cruza la raya. Después apuntará a hacerse reelegir. En privado hay quienes le escuchan invertir esa lógica: si no se postulara a la reelección, sería más difícil terminar el mandato porque el peronismo se volvería mucho más agresivo contra el Gobierno y contra quien lo reemplazara como candidato. Hay un fondo de verdad en ese razonamiento. Desde que se estableció, en 1994, la reelección, los presidentes están obligados a anotarse para un segundo mandato. No hacerlo es admitir el fracaso.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico esjorgejoury@gmail.com. Para consultar su blogs, recurrir al sitio: Jorge Joury De Tapas.

Emmanuel Angelozzi