“Kicillof se convirtió  en un político purasangre. Abandonó sus largos discursos cargados de números y citas, y salió a la carretera. Con la gente cultivó el cara a cara, como aquellos candidatos de pueblo que recuerdan los nombres y las historias familiares de cada uno de sus votantes”, señalaron desde el periódico Español.

“Kicillof hizo campaña, creció en las encuestas y 90 mil kilómetros después del inicio de su larga marcha se quedó con el trofeo mayor. El peronismo, finalmente, se rindió a sus pies”, expresó la nota realizada por el diario.

Tras las elecciones generales del pasado 27 de octubre, Axel Kicillof se convirtió  en el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires al haber derrotado a la candidata y actual mandataria bonaerense, María Eugenia Vidal, con más del 52% de los votos. Lo que “generó una revelación para los gurús electorales”.

Según la nota de Federico Rivas Molina: “la campaña de bajo coste de Kicillof fue toda una revelación para los gurús electorales. A los millones invertidos en publicidad, las inauguraciones apuradas de obras y los grandes mítines, Kicillof respondió con un trabajo de hormiga, lento pero persistente”.

“Con ropa informal, un rostro que no aparenta los 48 años que tiene y trabajo duro, Kicillof escaló hasta lo más alto del peronismo, un movimiento que puede tanto encumbrar como comerse sin aviso a sus hijos más dilectos. Pero Kicillof no es un improvisado”.

Y agrega: “desde el Ministerio de Economía, el ascenso de Kicillof fue meteórico. La defensa cerrada que hizo en 2012 de la nacionalización de YPF, la petrolera que se encontraba en manos de Repsol, lo colocó en la primera línea de su jefa política, un privilegio que muy pocos funcionarios tenían. Cuando Hernán Lorenzino presentó su renuncia un año después, nadie dudó de que esa joven promesa que ocupaba el segundo lugar en la línea del Ministerio sería el heredero. Méritos no le faltaban”.

Melisa Delgado Niglia