Arrancó la campaña y el  27 octubre ya está a la vuelta de la esquina. Todo se da, en el marco de una Argentina complicada.Son días oscuros para Macri.

Por momentos se lo ve demacrado y por otros, autoconvencido en lograr la hazaña de llegar al balotaje. Su amiga de toda la vida, Mirtha Legrand, le cambió el adjetivo exitoso por el de fracasado. Y las disculpas posteriores no alcanzaron para cerrar la herida.

Al Presidente ya le avisaron que la inflación anual rondará el 55%. Y para colmo de males, se conocerá pocos días antes de las elecciones. La de este mes mete miedo y aseguran que pisará el 5%.

El país está transitando por circunstancias dramáticas, donde la gobernabilidad cruje demasiado. La foto es la de un Presidente acorralado por la crisis, que no encuentra la puerta de salida y se pega la cabeza contra las paredes del túnel. Afortunadamente, lo auxilia un ministro de Economía que lleva calma, toma enorme centralidad y fue muy aplaudido en la cumbre de dueños de empresas en la sede de ADEA.

Allí los industriales dijeron cosas fuertes, como que con la inflación no se convive, «la matás o te mata». Por lo pronto, sus ex socios ya no le atienden el teléfono al jefe de Estado. Después de morder el polvo, sostienen que necesitarán diez años para restaurar el aparato productivo y el poder adquisitivo de los salarios. Además, se quejan que la mayoría de las empresas han perdido gran part de su valor en la Bolsa y ponen como ejemplo el caso YPF. 

Para que se tenga una dimensión del desastre financiero en el que estamos sumergidos, un informe realizado por la Universidad de Avellaneda (UNDAV) remarcó que entre enero de 2016 y julio de 2019 –previo a la corrida cambiaria reciente- salieron del país 40 mil dólares por minuto. En ese período, la compra de divisas por parte del sector no financiero acumuló un total de u$s73.160 millones, por encima del histórico desembolso del FMI en 2018.  

LAS PASO QUE NO PASARON

En medio de este tembladeral, Macri quiere disimular el impacto en las urnas negando la realidad. Dijo al visitar Córdoba que «estamos convencidos de que la elección no sucedió y estamos con toda la energía para ir al balotaje y continuar trabajando».

Nadie le cree, ni el propio gobernador Schiaretti, un ex socio que ni siquiera fue a recibirlo.

Como si fuera poco, Paul Krugman, premio Nobel de Economía y columnista de diarios masivos y revistas especializadas, crucificó de manera rotunda al ingeniero de los globos amarillos.

Entre sus defectos, señaló que Macri no hizo el balance al empezar su gestión, no desató el paquete derretido del cristinismo con una devaluación, como para arrancar desde cero.

Dijo además que se enorgulleció con muchas obras públicas, pero en realidad todas sus medidas que motorizaron la inflación y la recesión partieron por la mitad a la clase media. Lo acusó además de darle la espalda a la industria nacional, llevó a más de una cuarta parte de la población del país a pasar penurias, necesidades y hambre.

Prefirió hacer el asfalto, tapándose los oídos ante el apremio de comer tres veces al día. Actuó paso a paso, confiando en el optimismo.

Krugman le dio como para que tenga en abundancia. Macri avizora además un panorama complicado para él y sus funcionarios para luego de diciembre. «Va a estar difícil», admite el presidente en la intimidad.

Según sus fuentes, el kirchnerismo le tiene prepardo un postre: planea investigar a fondo la gestión del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich. Pero Macri, sus empresas familiares, el Correo y su hermano del alma, el empresario Nicolás «Nicky» Caputo, son los blancos principales para luego de diciembre si los Fernández se imponen en las generales.

Después del 11 de agosto, el Presidente ha quedado en una situación de debilidad objetiva que afecta tanto sus chances electorales, lo que es obvio, pero también su capacidad de enfrentar la crisis sin cálculos políticos.

Se vio obligado a tomar medidas que detesta, porque el tsunami cambiario amenazaba con llevarse todo. Aún no entendió que lo que ha fallado en su manual amarillo elaborado por Marcos Peña y Durán Barba, fue la política.

Si hubiera escuchado a los hombres de cintura que tiene, como Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y algunos radicales, se le hubiera facilitado la tarea de lograr consensos en este momento tan crítico. Pero ya no hay vuelta atrás.

Hoy el peronismo, se puso en la piel de un tiburón que olfatea sangre y ya hace maniobras para estacionar el camión de mudanzas de cola frente a la Casa Rosada, para tomar posesión en diciembre si los números también ayudan en octubre.

LA OTRA CARA DEL PODER EN LA VIDRIERA

La postal del «despoder» macrista, se puso más en evidencia durante el bridis del Día de la Industria.

Allí se lo vio, al ministro de la Produccción Dante Sica, tomando café solo en la punta del salón. Mientras tanto, delotro lado del río, se asoma un presidente virtual de gira por Europa, buscando apoyos y anticipando que el paquete que le dejan es explosivo.

Jura y perjura que lo contará al pie de la letra, cuando desate el nudo de las finanzas públicas. Pero aclara ante el mundo, que quiere honrar la deuda, aunque no a costa de otro sacrificio  del pueblo. Implícitamente, le quiere decir al FMI que debe haber una renegociación de plazos y que el organismo se equivocó y debe asumir su culpa, al volcar semejante masa de dinero con fines electorales, sin medir las consecuencias.

Abogó además,por una intensificación de las relaciones con Europa y por una política exterior que, a diferencia de la adoptada por Mauricio Macri, deje de girar exclusivamente alrededor de los Estados Unidos.  

Lo que le causó mucho malhumor, fue cuando le llevaron la noticias de que el dirigente social Juan Grabois, salió a pedir la reforma agraria y la expropiación de 50 mil parcelas, una anacrónica propuesta que la historia ya demostró impracticable y fracasada como en el caso de la rusia soviética, que incluso terminó con guerra civil y hambruna. 

Algunos observadores políticos presienten que hoy el Frente de Todos está en camino a un choque entre el ala izquierdista que integran las organizaciones barriales y la línea de centro que pretende Alberto. Este problema ya se había patentizado cuando Cristina encumbró al ex jefe de gabinete como su candidato presidencial.

El escritor Jorge Asís ya había caracterizado al grupo que integra Grabois como el «Frepasito».Pero a diferencia del Frepaso, AF deberá extremar recaudos, ya que las organizaciones sociales tienen un peso importante en la movilización callejera y una prédica más cercana a aquellos sectores que Juan D. Perón echó de la Plaza de Mayo con el calificativo de “imberbes”.

Las nuevas manifestaciones y el endurecimiento de la protesta social, reclamando alimentos y mejora en los planes, son un llamado de atención también para él. Por un lado, encuentra a una administración que se está quedando sin respuestas políticas, arrinconada por el precio dólar.

La otra interpretación posible, es que esa presión en la calle trata de forzar concesiones a un gobierno que todavía no ha reaccionado por el “palazo” de las primarias y que tiene que tratar de digerir la crisis cambiaria, recurriendo a herramientas que nunca había pensado que volvería a utilizar.

También la movida de los movimientos sociales es un llamado de atención para AF, una manera de marcarle la cancha si es que en octubre corona el triunfo en las urnas.

Otra de las cuestiones delicadas de Alberto, será encontrar un ministro de Economía fuerte para enfrentar la crisis y a su vez no sea rechazado por el establishment. Pero tampoco por su vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, por las bases kirchneristas puras que hay en algunas intendencias. Por un Emilio Pérsico del Movimiento Evita.

Por un Fernando Pino Solanas. O por un Juan Grabois de la Corriente de Trabajadores de la Economía Popular. Encontrar alguien que concilie esos paladares es como encontrar una aguja en el pajar.

También deberá  tratar de cerrar la despiadada «grieta» que generó un verdadero desquicio a nivel social, donde se rompieron familias y amistades, se resquebrajaron lazos de afinidad y convivencia, y se puso en tensión el sentido mismo del término comunidad.

CON LOS MOCASINES DE NESTOR

A través de su discurso moderado, Alberto F. desde España se ha encargado de moverle la estantería a Macri . Es una manera de mantenerlo en caja y recordarle que su gobierno provocó «recesión, pobreza y destrucción de valor de nuestras empresas».

AF ya sabía de la llegada del cepo. Es más, cree que con los controles de capitales y la obligación a los cerealeros de liquidar en tiempos perentorios, el escenario le viene como anillo al dedo, ya que es lo más parecido a un combo de matriz kirchnerista.

El protagonismo del Gobierno ha sido tan calamitoso, que puso el cepo luego de defaultear su propia deuda en pesos. El manual indica, que era una cosa o la otra. Lo cierto es que con el cepo de Macri, Alberto, probablemente va a recibir un país con reservas, además del problema del dólar «resuelto», un déficit primario en torno al 1% del PBI y la deuda a punto caramelo para patear los vencimientos del 2020 y 2021. 

Según murmuran en su entorno, si se ratifica el voto ciudadano, desde el día uno  AF planea aplicar para su futuro gobierno, el mismo menú de Néstor Kirchner, aunque con algunos retoques.

Cree que la postal actual es una prima hermana del 2001, con una Argentina demacrada, a la que habrá que atender de urgencia con una gran transfusión de sangre para sacarla de la anemia que le provoca la pobreza y el hambre.

Alberto Fernández imagina además una bandera para su gobierno. La de Néstor Kirchner fueron los derechos humanos. La de Macri, la lucha contra la corrupción. La suya parece ser por ahora algo más difusa, en cómo sacar el país adelante. 

No se ve, en cambio, una pelea como la que protagonizó Kirchner contra los integrantes de la llamada mayoría automática del menemismo. En principio, cree que no existe necesidad de hacer cambios en la Corte Suprema de Justicia. Sí piensa, en sintonía con sus declaraciones públicas, en una profunda reforma de la justicia federal. Su enojo es con varios de sus integrantes, incluso con alguno que tuvo como alumno.

Entre los pocos elogios que le dedica al actual Gobierno, destaca la negociación con empresarios y sindicalistas para modificar el convenio de los petroleros. Sin animarse a hablar de la necesidad de una reforma laboral, intentará avanzar con ese tipo de acuerdos sectoriales. Piensa en potenciar Vaca Muerta, como declaró varias veces, pero también la explotación del litio y el silicio.

También insiste en la necesidad de avanzar en una salida directa al Pacífico.

AF no siente ningún aprecio por Macri. Es más, sostiene que llegó al gobierno de la Ciudad por una trágica carambola. Fue a través de un golpe de Estado, por el juicio político que impulsó el PRO contra Aníbal Ibarra tras la tragedia de Cromañón.

Reconoce en privado que no le gustaría estar hoy en los zapatos del Presidente, pero se prepara para salir a la cancha con botines nuevos. Tienen un andar diferente, aunque son muy parecidos a los mocasines que usaba Néstor Kirchner. ¿Tendrá pensado mirarse en ese espejo?.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas

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