Es un menú variado e intrincado: Reperfilamiento, default selectivo, default virtual, lebacs, leliq, mercados, Wall Street, tasas al 85%. A la par, en el conurbano profundo y acá a la vuelta nomás, innumerables ciudadanos de a pie hacen malabares para poder alimentarse; no tienen idea, ni tiempo para analizar si el riesgo país es récord, porque su preocupación es el riesgo de vida, el concreto. Es tiempo de barullo, interrogantes y necesidades básicas para demasiada gente.

Quienes nunca tuvieron hambre, ni frío inmanejable; quienes siempre tuvieron trabajo o vivieron de rentas, herencias o por sostén familiar; quienes son insensibles; quienes habitan el mundo de las finanzas, la especulación o la ilegalidad, no conocen ni entienden de necesidades. Esto es bien sabido. Este es un problema serio.

Desde los cuatro puntos cardinales políticos, sociales y religiosos le piden al gobierno nacional que se haga cargo del estado de emergencia imperante. Pedidos que se vienen dando desde sectores insospechados de tener apetencias o preferencias políticas; sectores que palpan datos de la realidad.

Que principales medios de comunicación estén pendientes de subas y bajas de las bolsas, de índices, porcentajes, variables económicas y tecnicismos por doquier, forma parte de la natural carrera informativa. Que desfilen opinólogos a granel por los canales de televisión y programas radiales, también. Pero ni a unos ni a otros se les puede pedir que den soluciones. Es lógico.

El saldo de las PASO expresó en gran medida esta emergencia, porque reflejó el fracaso del gobierno para atender a los sectores vulnerables. Era y es de imaginar, que un Poder Ejecutivo bien nacido tendría que recudir el marketing, arremangarse y dar respuestas inmediatas. Porque las necesidades básicas no pueden esperar a que la magia de Jaime Durán Barba o las alegorías divinas de Elisa Carrió mitiguen el dolor.

Para los sufrientes, falta una vida para las elecciones presidenciales de octubre. En realidad, falta una eternidad para dentro de un rato, para cuando llegue la noche y tengan que darle algo de comer a los chicos.

Alejandro Delgado Morales.

AgenHoy Digital