Miguel Angel Pichetto pareciera ser el único corajudo que ha quedado en el cuartel de Juntos por el Cambio. Aún sueña con revertir la derrota en las Paso y apela a sus dardos envenenados para que octubre le sonría. Todavía no logró digerir que el día que Juan Schiaretti acordó con Mauricio Macri el final de Consenso Federal a cambio de una cuestión financiera para la Provincia, el quedó fuera de cuadro y tuvo que refugiarse en el oficialismo para no perder notoriedad. Después de 25 años en el Congreso, algunos lo llaman «el hombre de las mil caras». No es la primera vez que da un giro político: supo ser fiel al ex presidente Carlos Menem, luego apoyó al rival del riojano Carlos Ruckauf y a pesar de ser leal con Eduardo Duhalde y posteriormente Néstor Kirchner durante su mandato, no mantuvo esa línea con Cristina, con quien emprendió un fuerte distanciamiento con el tiempo, que se marcó con la ruptura en el Senado una vez que culminó el gobierno kirchnerista. Ahora, la posición crítica del macrismo no impidió que a sus 68 años aceptara ser el vicepresidente de Mauricio Macri. 

Esa travesía la permitió convertirse en un legislador acaudalado. En las últimas horas declaró un patrimonio cinco veces mayor que el de Cristina Kirchner, unos $16,7 millones contra $3 millones de la ex mandataria. Sin embargo levanta las banderas del miedo ante la llegada de un nuevo gobierno, algo que en su momento Durán Barba utilizó y que terminó naufragando en las Paso del 11 de agosto.

No obstante, el senador sigue en su gira anticomunista. El candidato a vicepresidente de Mauricio Macri ahora sostuvo en las últimas horas que, si gana el Frente de Todos, los que tengan «una vivienda de más lo van a tener que entregar a la revolución».

Sin reparar siquiera en que terminó la Guerra Fría, Pichetto salió con los tapones de punta contra sus adversarios a los que acusó de querer impulsar una reforma agraria y de querer confiscar sus viviendas a la población. También aseguró que Estados Unidos «no va a tolerar» muchas de las cosas que haga el futuro gobierno de Alberto Fernández en materia de política exterior.

Esta actitud del candidato llama la atención, ya que desde la derrota en las PASO la mayoría de los miembros del espacio oficialista moderaron sus intervenciones públicas. Pero Elisa Carrió y Pichetto, son la excepción. Siguen con el mismo tono provocador y de campaña negativa que terminó naufragando en las urnas. Ante la falta de propuestas por el fracaso en el plano económico que muestra el Gobierno, el  senador volvió a agitar el fantasma del comunismo, que ya había utilizado antes sin resultado al calificar de «marxista» al candidato a gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Esta vez Pichetto se basó en las desafortunadas declaraciones del intelectual Horacio González y en otras, de hace algunos días, del dirigente social Juan Grabois. Hay que aclarar, que estas dos personas no forman parte del equipo de campaña de Alberto Fernández.

Horacio González irrumpió en la campaña electoral sin que nadie lo invitara y su opinión deviene en abono de la grieta en la que una porción de Juntos por el Cambio aún confía como vehículo proselitista.

Probablemente, en los próximos días, Alberto Fernández o Cristina tengan que llamarlo para in tirón de orejas y recordarle que debe cumplir con su obligación como militante peronista. Es decir, verticalismo y silencio, una actualización civil de lo que Juan Domingo Perón aprendió como militar: subordinación y valor.

Pero la metralla de Pichetto no para cuando aparecen personajes como González y compañía que le dan de comer en la mano.»No se sabe qué revolución imaginaria quieren construir en el siglo XXI, con ideas viejas que atrasan 70 u 80 años. Esto es lo que está en debate en la sociedad: hacia dónde va el país», disparó. También  sostuvo que a muchos les están impidiendo hablar durante la campaña. “Hace poco Larroque dijo ‘bueno, ahora que hablen los moderados’. No puede. Porque allí abona cierto resentimiento, cierta visión clasista, que los hace aparecer aunque no puedan: seguramente deban tener la palabra prohibida todos estos. Pero hablan igual, porque no pueden callarse o contenerse. En el fondo son tontos: expresan posiciones que atrasan en la sociedad”, los insultó Pichetto.

Lo que busca el legislador es asustar a la población con una suerte de Gobierno comunista: «Reforma agraria, expropiación, ‘tomemos los shoppings’. Los que tengan una vivienda de más, porque a lo mejor es el ahorro de toda su vida, una casa y un departamento, el departamento lo van a tener que entregar a la revolución», aseguró Pichetto. Pero lo que no aclaró a qué revolución se refería.

Entre sus artilugios para torear a los adversarios, Pichetto volvió a hacer eje en la figura de la candidata a vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en medio de los lamentos del macrismo de que no sea la protagonista de la campaña. «Cristina Kirchner va a ser una figura central y va a gravitar en la decisión. No la veo retirada. Vamos a ver si ganan, yo tengo muchas dudas», planteó sobre el resultado de las elecciones generales del 27 de octubre. Según Pichetto, las palabras de Horacio González sobre la importancia de CFK «definen claramente dónde está el poder».

Detrás de estas expresiones del senador, se esconde un nuevo intento de ningunear a Alberto Fernández, algo que ya intentaron antes de las PASO. “No me sorprende. González expresa visiones de izquierda, que abonan otras expresiones como la de la ex presidenta, que habla de un ‘nuevo contrato social’”, enumeró Pichetto, quien tal vez olvidó que su aliada Elisa Carrió se la pasó años utilizando la fórmula del «contrato social».

También Pichetto cuestionó que se piense en una política exterior diferente a la planteada por el Gobierno de Cambiemos, con un alineamiento con los Estados Unidos. Y llegó a decir que el país del norte no lo permitirá: «Me preocupa mucho el rumbo de la política internacional. La Argentina, de seguir este espíritu bolivariano, va a quedar aislada. Esto no lo va a tolerar Estados Unidos, ni Brasil». El senador no detalló de qué manera va a expresar esa «intolerancia» Estados Unidos, y si es que cuenta con información privilengiada.

Pichetto insistió en que le gustaría debatir con Cristina Fernández de Kirchner y los candidatos a vicepresidente de los distintos espacios. «La Cámara Nacional Electoral me planteó que no había recursos. Pero estoy dispuesto a ir a cualquier canal de televisión», advirtió. Pichetto no explicó si el debate sería sobre comunismo o capitalismo, como planteó en la primera parte de la campaña.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.  

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