Por Alejandro Delgado Morales.

Economistas, panelistas, politólogos, consultores, periodistas serios y periodistas chantas y hasta tacheros porteños con impronta de Barrio Norte atribuyen a “los mercados” casi todo; si el dólar está estable, si el riesgo país se dispara, si la sensación pre electoral favorece a tal candidato… Resulta que “los mercados” ponen y quitan, sugieren, te mandan mensajes, son algo así como el mismísimo pulso del país. Cuánto tiempo destinado a mensurar en el aire y a destinar mensajes para un grupúsculo de la sociedad.

Si se hablara del futbolista Gabriel Mercado, de la conveniencia de comprar en el Mercado Central o en mercados barriales, probablemente el eco popular estaría presente y los parlanchines disfrazados de eruditos que hablan por TV y radios seguirían con sus discursos muchas veces vacíos y todo bien. Es lo que hay. Palabras que en apariencia están cargadas de riqueza intelectual y no importa sin son entendidas.

Dow Jones, Wall Street, Mercado de Valores, inversiones, Letes, Lebac, Merval y tantísimas expresiones de la economía claro que existen, se mueven, influencian y especulan, si; pero la economía real depende de un gobierno real, que puede ser nacional y popular o sometido y disciplinado.

El discurso de “los mercados” está bien para los análisis de especialistas, pero convengamos que la economía cotidiana se mueve por otros parámetros y necesidades, que no son volátiles, sino concretas; que no son especulaciones, son poder comer o no; no son yupies comprando y vendiendo acciones, sino personas de a pie que la pelean cada día.

El punto es la estupidez, no los mercados.Los mercados existen y existirán en el mundo capitalista. En ocasiones es estupidez a secas, en otras estupidez calificada de personajes que hablan por hablar o tironean de coyunturas. Al carajo los mercados en esta Argentina doliente que supura pobreza.

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