El Diez pisó el Bosque por primera vez. El D10S del fútbol, en su versión terrenal, revolucionó a una ciudad y conmovió a un país con lágrimas que rociaron una idolatría dormida pero siempre latente en los corazones argentinos por sus proezas deportivas.

“Vamos a matarnos corriendo en esta cancha”, bramó Maradona tras salir por la manga y recorrer cincuenta metros hasta el círculo central mientras 25 mil almas vibraban en las tribunas del estadio Juan Carmelo Zerillo sin quitarle la mirada.

“Ustedes van a ser los que nos den la fuerza para ganar los partidos, ¡y los vamos a ganar! El domingo nos vamos a jugar la vida”, enfatizó el flamante entrenador en su regreso formal al fútbol argentino a un lado del capitán Lucas Licht y frente al resto del plantel del tripero.   

“Yo no soy ningún vago, a mí me gusta trabajar. No voy a faltar a ningún entrenamiento. Acá se viene a entrenar y el que no entrena no juega ¡El que no corre no juega!”, afirmó el ex – futbolista acompañado por sus ayudantes de campo, Sebastián «Gallego» Méndez más Adrián González.

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