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Exclusivo AGENHOY

Presidentes y candidatos a presidentes ¿Se creen Napoleón?

Por el Lic. Esteban Tancoff.
Ex profesor UBA seminario de Psiquiatría Social.

Conducir un país, grande o pequeño, implica el peligro de no estar preparado emocionalmente para ello, detrás de esa ambición pueden esconderse traumas antiguos y cumplimiento de mandatos que enajenan la vida y el pensamiento.
Los estilos de los tiempos cambian, son inestables, como la ropa que lo hace cada temporada, el niño no lo sabe y acepta los principios de su familia y comunidad como si fueran leyes inmutables de la naturaleza formándose la idea de quien debe ser, según “ellos.”

Thomas Wilson que fuera presidente de los EEUU, inhalo desde niño los ideales ingleses de la clase media, lectores de la biblia, que transmitieron a Norteamérica una visión estilo Antiguo Testamento que alentó el “mesianismo” una forma sutil del delirio psiquiátrico. Wilson fue presidente luego de la primera guerra mundial y estaba en sus manos “mediar” entre sus aliados franceses e ingleses y los derrotados alemanes, su mesianismo se lo impidió y de esta forma dio cabida a la segunda guerra mundial.

Ciertamente los acontecimientos externos son los desencadenantes de los delirios, por ejemplo : en el año 1840, 20 años después de la muerte, Napoleón exiliado en la isla británica de Santa Elena, fue repatriado a su país y enterrado en París en medio de un clamor popular.

Ese año 14 hombres fueron internados en el manicomio Bicetre, de la capital francesa, todos ellos aseguraban ser Napoleón: el mismo pueblo que estimuló al Napoleón verdadero, en su campaña militar, estímulo y condenó, más de 20 años después, sin proponérselo, (con el mismo clamor y entusiasmo del reconocimiento desplegados en las calles de París), a 14 miembros de su comunidad que reunían las condiciones internas de desequilibrio emocional.

El mesianismo y los delirios parecen ser parte de la condición humana, los Trump, los Bolsonaro y otros, no desaparecerán, pero pueden atenuarse si la comunidad en su conjunto, logra encauzar sus propias fantasías de salvación para poder observar y escuchar con cautela los discursos omnipotentes de los candidatos a presidente.

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